La mosca, el hombre y el perro muerto

  • Estímulo y austeridad. Zoido culpa a Griñán de todos los males económicos de Andalucía, como si a España le fuese mejor con las recetas de Rajoy

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EN La Doncella, uno de los cuentos de Slawomir Mrozek, la noticia de la existencia de una bella durmiente llega a un opulento príncipe occidental. Ella es rusa, y hasta el claro del bosque en el que yace viaja el príncipe, consternado durante la travesía por un paisaje extraño y terrible donde los robles llegan a ser como setas y las setas como robles. Al cruzar el umbral de la casucha, el hombre queda prendado: las buenas lenguas no hacían justicia a la doncella. Decidido, comienza a besarla. La eslava entreabre un ojo y vuelve a cerrarlo. Él insiste. Ella duerme. Y así hasta el infinito y más allá. La bella durmiente es esta España en crisis. Los besos del príncipe son las recetas del PP para superarla.

Juan Ignacio Zoido, miniatura del principesco Rajoy, pretende el imposible de endosar a Griñán las culpas del paro, la pobreza, la parálisis empresarial y el fracaso global andaluz, como si en España las cosas fuesen mejor. Andalucía siempre ha sido, junto a otros parias como Extremadura o Canarias, la oveja negra estadística del país, y de tal realidad se extraen, efectivamente, decenas de conclusiones implacables con la dilatadísima gestión de la Junta. Para lanzarse a la yugular con la conciencia tranquila, el PP debería repasar también el papel de parte de su base social (presente y pasada) antes de la democracia. La derecha andaluza siempre estuvo contra la República, que seminalmente no encerraba radicalismos sino un tímido intento de redistribución de la muy mal repartida riqueza. Ésa es la película de aceite que impide al partido gobernar aquí desde hace 30 años. El paro estructural tiene raíces profundas que no regaron ni Chaves ni Griñán, por muy defectuosos que sean.

Pero no importa. Zoido acude habitualmente al Parlamento con un saco de reproches recurrentes al que poco a poco añade adjetivos e ideas fuera de lugar. "Éste es el Gobierno más vacío y extremista de la historia de la democracia andaluza"; o "usted [por Griñán] se ha entregado a los radicales de IU"; incluso "a ver si va a ser que usted no es nadie sin hablar de mí".

En realidad, el Ejecutivo regional se ha ceñido al rol que los analistas le adjudicaban tras los resultados del 25M: una modesta oda al estímulo en un mar de austeridad, la que aplica Rajoy por prescripción merkeliana aunque el coro de aduladores de la canciller mengüe cada día dentro y fuera de Europa. El problema, como ayer volvió a demostrar la EPA, es que los resultados le quitan la razón. "Dejemos de llamar reformas a los recortes", exigió Griñán. Cierto: Stiglitz, Krugman, Soros, Lagarde y hasta germanos como Horn predican la vía opuesta. Keynes está más vivo que nunca, aunque en Berlín no se enteren.

Tampoco importa. Zoido espera de la Junta medidas laborales mágicas, como si desde Sevilla pudiese oponerse instrumento tan impactante como una reforma de los costes del despido orquestada por actores infinitamente más musculosos. No, Griñán no alcanza a tanto porque la ley no se lo permite. Lo que Griñán hace -y aquí está el verdadero y en apariencia invisible punto débil del presidente- es aprobar planes de choque y subsidios de todo tipo que acentúan la vocación caritativa de la Junta y el espíritu improductivo y pícaro de una importante franja de la población. Red social sí, siempre, pero no para los jetas perennes de Españistán y su filial andalusí.

Démosle a la crónica una estructura circular. Mrozek el polaco describe en La Mosca otra escena que nos viene al pelo. El incordio del insecto por antonomasia a un tipo cualquiera deriva en una tensa conversación donde ella (la mosca), cansada de manotazos, advierte al desconocido que esperará. Al decirlo, se posa sobre un perro muerto. El hombre le pregunta: ¿A qué esperarás? Luego lo comprende. Y deja de preguntar. Zoido es la mosca y Andalucía el perro muerto. Griñán, claro, no puede ser sino el tipo cualquiera. Pero está a salvo por una razón muy básica. Aunque el tiempo acabará con él, derrotará antes a la mosca, cuya esperanza de vida oscila entre los 15 y los 25 días. Es lo que Zoido llama su vocación por Sevilla. Entretanto, el perro andaluz seguirá tieso y avanzará en su descomposición a la espera de que alguien obre el milagro de una resurrección que los más optimismas de entre los realistas sitúan en 2018. Que corra el aire, por piedad.

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