Feria de Abril | Sexta de abono en la Real Maestranza de Sevilla

Manuel Escribano brilla y decepcionan los 'victorinos'

  • El gerenense, para el que suena la música en el capote, da una merecidísima vuelta al ruedo tras petición

  • Ferrera y Luque, de vacío

Manuel Escribano, con el segundo toro de la tarde. Manuel Escribano, con el segundo toro de la tarde.

Manuel Escribano, con el segundo toro de la tarde. / Juan Carlos Muñoz

El festejo de la sexta de abono decepcionó en gran medida por el juego de los toros de la corrida de Victorino Martín, en el tipo, pero de escaso juego. Los astados fueron silenciados en el arrastre, a excepción del tercero, muy encastado y con peligro, que fue ovacionado. En el tendido aparecieron pancartas reclamando la rebaja del IVA al 10 por ciento, que no están aplicando la mayoría de los empresarios taurinos.

En una tarde sin apenas pulso en su conjunto, brilló Manuel Escribano en el quinto toro, un ejemplar noble, pero que llegó sin brío alguno a la muleta. El gerenense recibió al astado con tres largas cambiadas de rodillas, la primera frente a toriles y la última, cuerpo a tierra; librándose por los pelos de una cornada. El torero, con agallas y oxígeno suficiente, se estiró muy bien a la verónica, escuchando una ovación estruendosa, acompañado por los sones de la Banda de Tejero. Fue el momento más explosivo del espectáculo. Escribano volvió a cosechar ovaciones en el tercio de banderillas, que cumplimentó con acierto, impresionando en un tercer par arriesgadísimo, al quiebro y por los adentros, del que salió muy comprometido, poniéndose parte del público de pie y escuchando otra ovación de órdago. Sonreía el diestro sevillano a la espera de coger la muleta. Brindó la faena al crítico Emilio Parejo. Pero el toro, de nobleza supina, se apagó como una vela en el último tramo y amargó el festín a Escribano y a la parroquia. El torero movió con suavidad la tela encarnada, pero sin brío en las embestidas del toro, faltó emoción para que el público respondiera. Escribano cerró su actuación con una buena rúbrica, una estocada contundente. Hubo petición de oreja y el público le pidió que diera la vuelta al ruedo.

Con su primero, un toro muy astifino, vivo, ágil de cuello, que tuvo algunos muletazos por el pitón izquierdo, Escribano se la jugó en una larga cambiada de rodillas, banderilleó bien y consiguió algunos naturales cantados con ese "Bieenn..." de Sevilla. Ya en la siguiente tanda, gañafón y desarme y el toro que se orientó.

Antonio Ferrera, a quien pitaron porque no banderilleaba -ya anunció el diestro en estas páginas que ha pasado página en este tercio- abrió plaza con un astado bajo, que no llegó a entregarse y con el que el diestro mantuvo un pulso en un trasteo de tanteo tras llevarlo con mimo en el capote hasta los medios en los lances de recibo.

El cuarto, bien hecho, engatillado, además de blando de manos, se colaba. Imposible solución para el lucimiento para un Ferrera que no tuvo opciones al mismo.

Daniel Luque tampoco tuvo opciones claras. El tercero, largo, protestado de salida cuando cojeaba, se dejó pegar en varas y se revolvió con prontitud tras las telas, con un pitón izquierda imposible. Juan Contreras fue cogido, afortunadamente sin consecuencias, en un par de banderillas, entrando al quite oportuno Sánchez Araujo. Luque, con raza, consiguió un par de tandas diestras estimables y el público se decantó por el toro, muy encastado, que se resistió a morir después de tres pinchazos y otro hondo. El astado fue ovacionado en el arrastre incomprensiblemente y el torero saludó desde el callejón tras escuchar palmas.

El sexto, altote, en principio, de buena condición, se rajó pronto. Juan de Dios Quinta se lució en varas y Raúl Caricol y Alfredo Cervantes en banderillas. Daniel Luque logró una buena tanda con la diestra, que puso en marcha a la Banda y con la izquierda enhebró otra rematada con un gallardo pase del desprecio. Ahí quedó todo.

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