El sueño de Grecia V. La milicia de Floreal

Más que los grandes sistemas, a H le atraen las escuelas proscritas y en especial los epicúreos, aunque la doctrina original, demasiado razonable, le resulta menos seductora que su caricatura. El amor, desaconsejado por el Libertador como fuente de desequilibrios y penalidades, le parece, en cualquiera de sus variantes, un asunto irrenunciable. Vencidos pero no domados, los dioses se han reconvertido en demonios tutelares, a la espera de una segunda oportunidad que restituya los altares abolidos. Incitado por los poetas neopaganos, H anhela la hora del regreso.

El sueño de Grecia IV: Amor y ataraxia

El fin de siglo, que lo es también de milenio, tiene para H resonancias crepusculares, asociadas a las postrimerías del XIX y al grandioso ocaso del paganismo, representado por figuras trágicas como Hipatia o el emperador Juliano. De Roma y la Antigüedad tardía nació el linaje de los filohelenos al que pertenecieron Winckelmann o Byron y un maestro vivo como Agustín García Calvo, que une a la erudición la voluntad de disidencia. H sigue fantaseando, como el afrancesado Darío, con los revolcones en la floresta. Los viajeros de verdad no se han enterado nada.

El sueño de Grecia: III. Filohelenismo

Aunque inspirada por las luminosas aguas del Egeo o más bien por su reflejo literario, la geografía de H no es de este mundo. Los contornos del país soñado tienen las dimensiones del ajado mapa que decora la pared de su cuarto de estudiante. Pero esa idea exclusivamente libresca se ha superpuesto a sus evoluciones cotidianas como una doble vida, con efectos desconcertantes para los allegados. Las ninfas, en particular, que se le aparecen por todos lados, excitan su sensibilidad con mil indecibles delicias. En los ritmos naturales entrevé los dones de una existencia más dichosa.

El sueño de Grecia: II.Geografía imaginaria

Instalado en el destiempo y enemigo de la novedad, el joven H ha desarrollado una casi enfermiza devoción por un país que sólo existe en su cabeza. No lo ha recorrido sobre el terreno ni tiene de él más que unas pocas nociones escolares, referidas a un pasado prestigioso que ha llegado a obsesionarlo. Sus días transcurren entre las clases en la Facultad, las animadas conversaciones con los amigos, el estudio desordenado y una agitación entusiasta, pero de contenido impreciso. Buscando alguna forma de arraigo, en los lejanos ascendientes ha encontrado a sus contemporáneos.

El sueño de Grecia: I.Una edad miserable

Ignacio F. Garmendia (Sevilla, 1970) es editor y crítico de literatura. Hace años, en un momento de debilidad, se comprometió a escribir para unos colegas, hoy por fortuna retirados del oficio, un libro improbable del que sólo tenía claros el título, 'El sueño de Grecia', y la borrosa identidad de su protagonista, el joven H. Este relato homónimo, que no es propiamente un relato, recrea algo de lo que pudo ser aquel libro no escrito, un viaje que tampoco es un viaje donde se mezclan el tiempo de la Antigüedad y su proyección en un presente igualmente remoto.