'Brexit': órdago de debilidades

  • La catedrática de Derecho Internacional Público Ana Salinas afirma que sólo la fragilidad política de David Cameron justifica el referéndum de mañana

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Salir de la Unión Europea es la peor opción para el Reino Unido, para la Unión Europea, para los británicos que viven en las islas y para los que optaron por exiliarse a las costas españolas. Por supuesto también para los europeos. Ana Salinas, catedrática de Derecho Internacional Público de la Universidad de Málaga y asesora del Consejo de Europa, subraya que nadie gana con el Brexit. Entonces, ¿por qué se ha llegado hasta aquí? Fundamentalmente por debilidad. El primer ministro británico, David Cameron "necesitaba un gran gesto" para reforzarse dentro del partido conservador. Proponer el referéndum fue su manera de conectar con el euroescepticismo más furibundo y de evitar la pérdida de base electoral en dirección a la ultraderecha del UKIP. Pero esta no es la única fragilidad que explica el escenario que se abre con la consulta de mañana. También es significativa la debilidad de los líderes europeos. "Con [Jacques] Delors a la cabeza esto no hubiera pasado", puntualiza Ana Salinas. "El Brexit es sobre todo crisis económica, de valores, de ideas y del proyecto de Europa".

La catedrática recuerda que el recelo británico hacia la unidad europea nació el mismo día que Winston Churchill afirmó que no había ganado una guerra para perder un imperio. De hecho, no se incorporó a la Comunidad Económica Europea hasta 1973 "y lo hizo porque son pragmáticos y habían comprobado que la unión aduanera les hacía daño". Desde el minuto cero mantuvo un tira y afloja que le ha convertido en un estado miembro peculiar. Sólo hay que tener en cuenta cómo primero la conservadora Margaret Thatcher y luego el laborista Tony Blair renegociaron el cheque británico que les ha permitido reducir su contribución a las arcas comunitarias en 4.300 millones anuales. Históricamente ha mantenido una actitud peleona ante cualquier propuesta de reglamento y, sobre todo, de directiva comunitaria, actitud que ha contribuido a reafirmar su sentimiento de peculiaridad y le ha dejado fuera de la política de seguridad exterior comunitaria, del euro y del protocolo de política social. Otro ejemplo esclarecedor es el principio de subsidiariedad del que hizo bandera John Major en el Tratado de Maastricht para hacer valer la competencia de los parlamentos nacionales frente al europeo en un amplio abanico de asuntos.

Ana Salinas afirma que esta resistencia ha contrastado después con un cumplimiento "escrupuloso" de las normas comunitarias. Sin embargo, esta "posición histórica continua" saltó por los aires en 2015 con la promesa de David Cameron de someter a referéndum la permanencia en la Unión Europea. "Pone en juego el papel del Reino Unido en el mundo y abre la puerta a una situación muy inestable solo porque necesita afianzarse en su partido y combatir al UKIP". La propuesta elevada por el primer ministro británico al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, para permanecer a cambio de cesiones en la soberanía, la competitividad, la política de inmigración y la unión bancaria es desde su punto de vista discutible porque ataca la esencia de la Unión Europea y de facto supone volver a la situación de los años 70.

La catedrática solo ve inconvenientes para un Reino Unido que tiene su fuerza económica precisamente por la fuerza que le inyecta la UE y disfruta de un papel geoestratégico esencial porque es el brazo de EEUU en Europa. Recuerda que los desafíos que plantea el terrorismo exigen justamente cooperación y lamenta que se haya hecho hincapié en la inmigración como problema, cuando realmente lo único que sucede es que es un país deficitario de profesionales cualificados en áreas como la sanidad.

"Tienen mucho que perder a corto y largo plazo si salen de la Unión Europea pero eso no lo dicen". Ana Salinas le pone números a ese coste: el Reino Unido aporta a la Unión Europea el 0,5% de su PIB. Sin embargo, el 9,3 de su PIB lo recibe de la UE. Esto sin contar los efectos inmediatos del Brexit que resume en una caída de la libra, aumento de la prima de riesgo y encarecimiento de sus exportaciones.

Sin embargo, ese tsunami no es solo para los británicos, porque los efectos económicos y políticos también alcanzarían a los demás países. Señalaría a otros euroescépticos que esperan en silencio a ver qué ocurre el cartel de salida de la Unión Europea y demostraría a las formaciones de extrema derecha cómo imponer su agenda. "Todos los esfuerzos por cimentar la paz que se han hecho desde la II Guerra Mundial se irían al traste", resume.

Esta opción también implicaría un gran golpe para España porque el Reino Unido "supone el 10% de nuestras exportaciones, el 30% de las operaciones financieras se realizan con bancos británicos y representa el 40% del turismo".

En esta cadena, posiblemente el grupo más frágil sea el de los británicos que viven en las costas españolas, de ellos 80.000 empadronados en Andalucía, mayoritariamente jubilados, que verían limitados derechos como la asistencia sanitaria, mientras que los trabajadores perderían su estatus actual equiparable al del empleado español.

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