Exposición

Sevilla descubre los tesoros de Liria y Dueñas

  • Fruto del afán coleccionista y de un complejo entramado de herencias, los Alba poseen una de las colecciones privadas más importantes de Europa que inició en el siglo XVI el Gran Duque

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Una mirada al patrimonio artístico atesorado en la Casa de Alba a lo largo de sus más de 500 años de historia permite recorrer no sólo la evolución de este ducado sino la de la propia Historia del Arte. Con la muestra Colección Casa de Alba, organizada por la Consejería de Cultura con el patrocinio de la Fundación Cajasol, el Bellas Artes de Sevilla reúne una espléndida antología que descubre una de las colecciones privadas más valiosas del mundo. Tan valiosa como escasamente conocida.

La última vez que la duquesa de Alba, titular del ducado y de la fundación que vela por este ingente patrimonio, accedió a mostrar en conjunto su legado artístico fue hace más de 20 años. El 29 de mayo de 1987 la reina Sofía inauguró en Madrid la muestra El arte en las colecciones de la Casa de Alba, patrocinada por La Caja de Pensiones, hoy La Caixa. Entonces, fueron 60 los préstamos que se exhibieron en la entidad financiera. Ahora, gracias a la generosidad de doña Cayetana y al decidido empeño de los promotores de la exposición en colaboración con la Fundación Casa de Alba, la pinacoteca hispalense acoge una cuidada selección de 40 obras de arte que resume lo mejor de sus fondos pictóricos repartidos, principalmente, en sus dos palacios más importantes: el de Liria en Madrid, residencia oficial de la duquesa, y el de Dueñas en Sevilla.

La muestra, compuesta por 37 pinturas y tres esculturas familiares de Benlliure, permite recorrer los distintos movimientos pictóricos desde el Renacimiento. La pintura española está cuidadosamente representada con dos obras de Goya: la archifamosa Duquesa de Alba de blanco (en torno a la cual se ha elaborado toda la cartelería para esta exposición) y la menos conocida pero igualmente elegante Marquesa de Lazán. El retrato del Canónigo Miranda de Murillo y la pintura escuestre a caballo de la actual duquesa, de Zuloaga, están entre las obras procedentes de los distintos salones de Liria. De la casa ducal sevillana han salido para la ocasión, entre otras pinturas, el lienzo Coronación de espinas de José de Ribera y el enérgico retrato que el sevillano Antonio Esquivel realizó a la bailaora Josefa Vargas y que pertenece a la colección particular de la actual duquesa. La valiosa colección de pintura flamenca atesorada en Liria se estructura alrededor de la figura de Rubens, del que se pueden ver en el Bellas Artes desde hoy los retratos de El Emperador Carlos V y la Emperatriz Isabel, copia de un original de Tiziano destruido en el incendio del Alcázar de Madrid en 1734, y otro excelente retrato de Felipe IV.

En paralelo, el recorrido por esta exposición –que acoge también ejemplos de la obra de autores franceses e ingleses– permite viajar por la memoria de una familia cuya historia ha corrido pareja en gran medida a los acontecimientos más relevantes de la Historia de España. La colección arranca con Fernando Álvarez de Toledo (1508-1582), III duque de la dinastía. Apodado el Gran Duque de Alba, debe su fama a su decisiva actividad como militar y político durante el reinado de Felipe II. Pero fue su paso por Nápoles, donde fue virrey en 1556, el que lo acercó al mundo del arte y, en especial, a la pintura italiana, sobre la que cimentó su conjunto artístico, que incorporó obras de Ribera, Velázquez, Rafael o Correggio. De él dijo su coetáneo Hernando del Pulgar, escritor e historiador de origen judío, que don Fernando Álvarez de Toledo era de “aquéllos a quienes las obras de virtuosos placen”.

Desde entonces, ese deleite por la contemplación de la obra de arte continuó ligada a su linaje gracias a acertadas adquisiciones que se hicieron en distintas épocas así como a la fusión de los Alba con otras casas nobiliarias, como la que tuvo lugar a finales del siglo XVIII. El enlace de Francisco Álvarez de Toledo, X duque, con Cristina Catalina Haro y Guzmán, propició un notable incremento del patrimonio de la Casa Ducal. Parte de la exquisita colección de Monterrey había sido heredada por Luis Méndez de Haro, marqués del Carpio, quien la engrandeció tanto en número como en calidad, y después por su hijo, Gaspar de Haro y Guzmán, figura capital del coleccionismo en la Edad Moderna en España que incorporó a su colección lienzos universales como La Venus del espejo, de Velázquez, a la postre hoy en la National Gallery por distintos avatares de la historia.

Ya en el siglo XVIII, la llegada de la dinastía borbónica con Felipe V trajo el gusto por lo francés en las artes. Este cambio ya es visible en la afición por temas alegóricos y los retratos del primer duque de Berwick, Jacobo Fitz-James Stuart. Más tarde, con la unión de los Berwick y los Alba, el patrimonio de la Casa se enriqueció con nuevas obras que reflejan un cambio en los gustos estéticos de la colección. La incorporación de obras neoclásicas, los encargos a Rafael Mengs –del que Alba ha cedido uno de sus famosos autorretratos– o la relación de musa y mecenas entre Goya y la XIII duquesa, Teresa Cayetana, evidencian esta apuesta por las novedades artísticas. La duquesa de Goya, sobrenombre con el que ha pasado a la historia, murió sin descendencia en 1802. Y su fallecimiento supuso el desmembramiento de casi toda la pinacoteca, que quedó reducida a apenas 30 cuadros. Su sobrino Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva (1754-1865) heredó el título con ocho años y dedicó su corta aunque brillante vida a recuperar para su familia un conjunto artístico entre los mejores de Europa.

Figura destacada del coleccionismo español del siglo XIX, el XIV duque de Alba adquirió cuadros, esculturas y antigüedades en Italia, Francia y Alemania, durante los años que siguieron a la definitiva derrota de Napoleón en Waterloo, el 18 de junio de 1815. En Roma, el duque Carlos Miguel encargó bustos de los miembros de su familia y esculturas de temas mitológicos a José Alvarez Cubero y Antonio Sola, artistas españoles que vivieron durante la época fernandina en la Ciudad Eterna. De este tour italiano –donde incorporó obras de Guido Reni, Cristofano Allori o Guercino– proceden las adquisiciones de joyas únicas como La Virgen de la Granada, obra del renacentista italiano Fra Angelico, que no ha viajado a Sevilla por su delicado estado de conservación. Sí se podrá ver la sensual pintura La Verdad de Francesco Furini y La última cena de Tiziano, obras incorporadas a la colección familiar en la misma época. De entre las adquisiciones de pintura holandesa que realizó este XIV duque de Alba destaca el valiosísimo Paisaje de Rembrandt y el paisaje Marina, Willem Van de Velde El joven, este último expuesto desde hoy en el Bellas Artes de Sevilla.

Ya con el XVII duque de Alba, padre de la actual duquesa –del que se expone el retrato que le realizó Sorolla–, el patrimonio de familiar se ve de nuevo enriquecido por su acertada labor, guiada fundamentalmente por la idea de ir completando la colección familiar y ampliar la representación de retratos de sus antepasados.

Finalmente, con doña Cayetana Fitz-James Stuart y Silva el legado familiar se ha visto incrementado con autores del siglo XIX como los franceses Corot y Renoir –presentes en la muestra con el delicioso La pequeña vaquera junto al agua y Mujer con sombrero de cerezas o figuras más recientes como Picasso, Miró o Chagall, del que se expone Le bouquet devant de la fênetre.

El celo con que doña Cayetana ha preservado el patrimonio de los Alba, apoyada por la gestión de la fundación que preside, ha logrado mantener bajo su tutela un legado que raras veces ha salido de sus propios dominios, mientras que los de otras grandes familias aristocráticas españolas se han perdido o disipado con el tiempo.

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