Visto y Oído

francisco andrés gallardo

Millenials

Riverdale es la serie de moda porque en ella se reconocen todos los tópicos y señas de identidad de los millenials. Una invitación a los Peter Pan del siglo XXI, un homenaje bien montadito y de estética calculada. Una historia con disfraz de Grease, Friends, Expediente X y Twin Peaks con reglas actuales y, cómo no, con mucha más relajación sexual. Como si aquí hiciéramos otro Verano Azul, con Javi y Bea calentándose por whatsapp, mientras Quique sale del armario y el Piraña nos anuncia por twitter que Chanquete ha sido asesinado por la mafia rusa. En Riverdale no falta ni un perejil. Ni el jugador de fútbol americano con su animadora, ni la madre malaje con pelo cardado, ni la fiesta de instituto que termina enconándose. Y la música de ayer en forma de cover.

La serie del canal The CW, que en España programa Movistar Series Xtra, toma un popular trío del cómic clásico, Archie y sus dos amigas (Verónica y Betty), para partir desde ahí con intrigas y dramas juveniles reconocibles para el público de hoy menor de 30 años. Volviendo a las comparaciones patrias, es como si metiéramos a Zipi y Zape en los pasillos de Al salir de clase para que se convirtieran en ídolos de la adolescencia femenina y pulsión gay. Todo puede ocurrir si nos ponemos a revisar los iconos de siempre. Para encantar a los incondicionales más veteranos Matthew Perry, Dylan en Sensación de vivir, es el padre de Archie. En la pantalla este Zeus noventero se come literalmente a su hijo.

Tras la estela de Las gemelas de Sweet Valley,Gossip Girl y cosas así Riverdale es una la típica serie juvenil que se luce si se le añade presupuesto y un misterio a lo Broadchurch, aunque al final tenga un tufo simple a Se ha escrito un crimen.Es más bien una saeta nostálgica de los mejores tiempos de Estados Unidos, como parábola melodramática de estos tiempos. Tal vez late en su mensaje eso de hacer América más grande, la América del batido de chocolate del que hace dieta por puritanismo vergonzante. Con nuevas tecnologías y viejos terrores.

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