Por Derecho

MArtín Serrano

Religión

Un mero acto de devoción privada, más o menos sentimental; la evocación del paraíso perdido de la infancia o de una realidad mágica, pretendidamente eterna; la anual celebración de la pertenencia tribal a un grupo que nos identifica; la ocasión de equilibrar la economía personal o familiar; el reencuentro con amistades que no se frecuentan durante el año; la posibilidad de forjar lazos sociales; unos días de diversión. Todo eso y mucho más es la Semana Santa de Sevilla, tan polifacética y barroca que a veces esconde a quien participa en ella el sentido exacto de su naturaleza.

Las procesiones que hoy se inician son, antes que otra cosa, religiosas estaciones que frecuenta la religiosidad sevillana, por decirlo con palabras del Abad Gordillo. El cortejo, la música, el movimiento, el olor del incienso confundido con los aromas primaverales, toda esta provocación de los sentidos con su llamada sutil a la memoria, sirven al fin último de mover el ánimo a la religión, esa virtud que nos une a Dios a través de una doctrina, de una moral y de unos ritos sagrados. Si olvidamos que las imágenes que pasan nos interpelan personalmente, perderemos la esencia de esta fiesta, creada por nuestros mayores, con una combinación de penitencia y representación teatral de la doctrina, para conmover y convertir a personas que, aunque no ponían en duda la fe -la protesta no había arraigado en las clases populares-, vivían lejos de lo que les exigía la religión que confesaban.

En este Domingo de Ramos, cuando ya muchos desconocen la propuesta de la religión católica, cuando a veces se vilipendia a la Iglesia por razones políticas espurias, cuando incluso los propios practicantes se permiten el lujo de cuartear la fe para construir una religión a la medida -a la medida de los tópicos televisivos-, es oportuno recordar que la Semana Santa sevillana, con todo lo que aporta a la esencia y a las arcas de la ciudad, existe y se mantiene por obra de hombres y mujeres que manifiestan públicamente su adhesión a la religión católica. Ni más ni menos.

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