Análisis

Jesús Alba

Las aficiones y sus camaleónicos gustos

Si antes se exigía mantel y servilletas de tela, todo vale ahora por llenar la panza y no pasa nada

Hace algún tiempo hacía esta reflexión en algún foro de fútbol base: el comportamiento de los padres a menudo es reflejo de la línea que marca el entrenador. Si éste tiene un perfil agresivo -que no necesariamente tiene que ser violento (basta con comprobar cómo le habla a los niños o se dirige a un árbito que generalmente es más joven)- el lenguaje sube de tono en la grada. Si por el contrario el técnico es un modelo de respeto y hace disfrutar a los chavales por igual independientemente del resultado, educa también a los padres en ese respeto a los demás. No suele fallar, y hasta ese prototipo que tanto nos incomoda del que cree que tiene a un Messi en casa acaba teniendo un comportamiento cívico y solidario.

La comparación de los padres, que son los aficionados en el fútbol de formación, podemos llevarla a la de las hinchadas de los clubes profesionales y a cómo pueden cambiar tanto en sus exigencias o expectativas en cuanto a estilos de fútbol, que al final son estilos de comportamiento.

Ahora que acabamos de vivir un derbi uno no tiene más que sorprenderse por cómo ha variado en 180 grados el signo de los gustos futbolísticos de la afición del Sevilla, o, simplemente, cómo ha asimilado la nueva situación. Nervión -dicen- se aburría con Emery, al que le pedían un fútbol más elaborado. Se acostumbró al caviar de Sampaoli y Lillo, y hasta le supo a rancio el de Berizzo, pero ahora vibra con el pragmatismo sobreactuado de un técnico que está traspasando peligrosamente los límites en la interpretación del personaje que ha creado. Por ganar todo vale y hacía falta mover el árbol, está claro, pero lo que sorprende es cómo la afición que exigía servilletas y mantel de tela ahora aplaude la picaresca y se sonríe con ella por llenar la panza.

En el Betis, sin cambiar de entrenador, ha pasado igual. De criticado por insistir en la idea, Setién ha hipnotizado a una afición que hace unos meses no se reconocería.

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