Opinión

luis carlos peris

De la mano del padre, el niño escuchaba absorto

Contando que acababa de entrevistar a Muñoz embobaba a un niño a la vuelta por el bulevar

La última vez que vi a Nicolás Salas fue en un Foro Joly hace no sé cuánto; la primera fue en los primeros cincuenta caminando por el bulevar de Eduardo Dato tras un Sevilla-Real Madrid. De la última vez apenas recuerdo de qué hablamos, seguramente sería para cortarle un traje al disertador; de la primera me acuerdo de cuanto un joven periodista le contaba a un niño que volvía del fútbol cogido de la mano de su padre. Siempre de la mano del padre como excelso burladero en que cobijarnos, el niño escuchaba absorto cómo aquel joven y ya conocido periodista contaba que había entrevistado a Molowny, a Muñoz, a Pahíño y hasta a Olsen y Juanito Alonso.

Eduardo Dato abajo, la caminata se hacía muy llevadera y pudo ser ahí donde a aquel niño se le abrirían los ojos con vistas a un futuro en que él fuese quien contara que había entrevistado a Fulano o a Mengano. Y el tiempo fue pasando y aquel joven reportero del diario del Movimiento que hacía información deportiva progresaba y progresaba a la par que llenaba las estanterías de su vida de una ingente cantidad de libros. Su vida y la mía caminaban paralelamente y rara vez se encontraban, pero conservábamos el recuerdo de su amistad con aquel padre que llevaba de la mano al niño tras el partido de fútbol.

Y llegó el día en que le obligaron a abandonar la información deportiva contra su voluntad. Con el tiempo se me sinceró: "Bendito día aquél en que López Lozano fichó a Blázquez. Yo me llevé un gran disgusto porque me gustaba aquello, pero mi vida tomó unos derroteros inimaginables. Me pusieron en Economía y fue mano de santo. Entré en un mundo muy distinto y todo fue a mejor".

Y es que Nicolás Jesús Salas, sevillano de Valencia, lo ha sido casi todo en esta ciudad que él tanto amó. Desde la dirección de aquella Feria de Muestras que se instalaba en algunos pabellones del 29 a director de Abc, el periódico que tanto influyó en su vida de periodista tenaz, corajudo y con fe de carbonero. Aquel día que Joaquín Carlos López Lozano lo pasó a Economía fue el Kilómetro Cero de una vida en la que no se quedó nada atrás.

Nicolás ha pasado en su vida plena de feracidad por casi todas las redacciones sevillanas. Sevilla, El Correo, Oiga, Abc y también en estas gacetas cuando iba camino de la orilla. Su casona de Colina Blanca es una especie de archivo gráfico y literario en el que se recogía Sevilla, toda Sevilla, de una Expo a otra, de la Playa de María Trifulca a las rondas de circunvalación de la Estación de Córdoba al AVE por Santa Justa. "Carlos, cuando te haga falta alguna foto o algún dato no dudes en llamarme a la hora que sea", se me ofrecía tan incondicional como generosamente.

Hoy vamos a darle tierra a un periodista de raza, fuerza de la naturaleza desatada, que una tarde de primavera asombraba a un niño sólo porque había entrevistado a Miguel Muñoz. Me acuerdo de cuanto me contaba aquella primera vez; de la última apenas me queda algo, si acaso lo pesado que era el disertador.

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