Las dos orillas

josé joaquín león

La sabiduría de Olivencia

Se recordará a don Manuel Olivencia como un sabio del siglo XX y parte del siglo XXI. Se le recordará con el don por delante, como título de una estirpe, de un señorío intelectual que en general se ha perdido con el tiempo, hasta resultar rarísimo. Igual que Clavero Arévalo y otros míticos profesores de la antigua Facultad de Derecho, consagraron su vida a la Universidad, pero no como un medio burocrático de vida, sino como un modo de enseñar y crear discípulos. Entre ellos, estuvieron significativos políticos de la Transición. Ese carisma de maestro se le fue acrisolando, aún más, con el pasar del tiempo. Pero nunca fue un viejo profesor, porque en Olivencia todo era actual, vivo, quizá permanente.

Fue un maestro del Derecho Mercantil y estuvo al frente de un prestigioso bufete. Su vida ha sido glosada en innumerables ocasiones, como sucedió en mayo de 2017, cuando recibió el VI Premio Manuel Clavero. Entonces pronunció un discurso memorable, de los mejores que se habrán oído en Sevilla en los últimos tiempos. Un discurso que tuvo toques de crepuscular, de confesar lo vivido, pero que también confirmó la lucidez del maestro, y sobre todo su honradez y sinceridad, en un territorio donde tales virtudes no abundan, o se ocultan. El gran Olivencia, que resumía todos los Olivencias que podía ser un sabio como él en una vida, apareció aquella noche en el Alcázar, como si no quisiera irse sin dejar el regalo de un testamento personal en público, con su palabra y sus sentimientos.

Don Manuel Olivencia fue un triunfador como experto y profesor, pero también un incomprendido como comisario de la Expo 92. Su antiguo alumno Felipe González era entonces presidente del Gobierno. Una España difícil, la de los años 80, que se ha manipulado con el tiempo. Los mismos que ahora elogian a Felipe González (como si fuera un cruce de Fernando el Católico con Pablo Iglesias el Viejo) son los que le hacían la vida imposible en los años 80. Algunas fuerza vivas de la Sevilla más carca se subieron a ese carro, en contra de la Expo 92. Porque a esa Expo que preparaba Olivencia le hicieron lo de siempre, con todo lo que es nuevo: primero se dispara y después se pregunta.

Así aburrieron a Olivencia, entre unos y otros, y le privaron de ser el comisario de la Expo en 1992. Pero eso no lo perturbó, porque Olivencia era un sabio, y los sabios están muy por encima de los mediocres. Era un gran hombre y se le notó en todo.

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