Tribuna Económica

Carmen Pérez

Se vende

Finalmente, el banco Popular ha colgado el cartel de Se vende. Quiere que la operación se cierre antes del 10 de junio, según JP Morgan, la entidad encargada de recoger las ofertas de los posibles compradores. Aunque esto no concuerda con la comunicación de hecho relevante remitida el 16 de mayo por Banco Popular a la Comisión Nacional del Mercado de Valores: que sólo se trata de explorar el mercado, que "no se ha adoptado decisión definitiva", y que las propuestas no son vinculantes, pero que en todo caso servirán para sopesar las distintas alternativas. Entre ellas, la que ya estaba sobre la mesa: la ampliación de capital. Pero lo cierto es que cualquier cosa puede pasar, incluso que cuando se lean estas líneas la venta ya estuviera cerrada.

Lleva mucho tiempo buscando soluciones: cambios en su cúpula directiva, venta de filiales y participadas… El deterioro de la entidad es constante: la cotización de la acción de Popular ha mantenido una tendencia bajista estos últimos años; los depósitos de los clientes también bajan. Se adentró en el sector inmobiliario tarde, en el peor momento, cuando estaba más caro. Y esas operaciones han ido dando la cara: 36.800 millones de activos problemáticos, entre créditos y activos adjudicados. Imposible salir de ahí solo, y menos en el contexto actual de baja rentabilidad bancaria.

Datos de esta situación, así como los relativos a importantes litigios pendientes, o de los niveles de solvencia, fueron puestos a disposición de las grandes entidades bancarias la semana pasada para que pudieran definir qué se haría con él, y a qué precio estarían dispuestas a pagarlo. Santander y Bankia han dado un paso al frente, y desde el martes figuran en la primera lista de interesados en comprarlo. Lo que no quiere decir que algún otro, nacional o extranjero, pueda añadirse al carro.

La sorpresa ha sido lo de Bankia. Una entidad que tiene que pedir permiso al Banco Central Europeo para cada operación corporativa que haga. A la que Bruselas tiene fecha puesta para que sea privatizada. Y que ahora está inmersa en la fusión con BMN, la otra entidad nacionalizada. Pero cuando a una propiedad se le pone el cartel de Se vende su valoración cada día que pasa queda perjudicada. Es posible que no haya compradores en firme, o que quieran comprarlo a precio demasiado de saldo. Y que pase el tiempo, y que la ayuda pública empezara a ser necesaria. Todo induce a pensar, que participando en el proceso, si hiciera falta, ahí estaría Bankia, que al comprar Popular estaría nacionalizándolo por la puerta falsa. Y, en todo caso, es un aviso para navegantes.

Si al final compra Bankia, la banca pública quedaría reforzada, pasaría a ser el mayor banco de España. Añadir al Popular, con 1.600 oficinas, también tendría más ventajas, porque este banco tiene una situación privilegiada en el mercado de créditos a la pequeña y mediana empresa, con casi el 18% de la cuota de mercado. Lo mismo, con la buena y profesionalizada gestión que está llevando, cuando llegue la fecha -antes de final de 2019-, hay que decirle a Bruselas que no queremos recuperar la ayuda pública, ¡que nos quedamos con Bankia!

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