Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Abanderado

EL gran Banderas es un tipo de consenso. Saltó con garbo por los charcos que había en el suelo de 59 segundos y por supuesto no se manchó de fango aunque le preguntaran por Bush, por Chávez o por Fidel, los Panchitos. Que quiten a Moratinos y pongan a este malagueño como jefe de la diplomacia española. Sarkozy seguro que nos invitaba a todo y se pirraba por darle un abrazo a Melanie. Antonio Banderas participó este miércoles en un 59... con una comparecencia tipo desayunos en la que, por supuesto, mostraba su predilección por el candidato Obama y Zapatero, sin demasiado jabón. Todos los contertulios, relajados, le miraban risueñitos y reverenciaban a un español que, sí, menos mal, es internacional y es difícil que se le vaya a pillar en un renuncio. Hasta recordó su afán desinteresado cuando promocionó los productos andaluces. Banderas ondea en un mástil inaccesible a los envidiosos y a los mediocres.

Lo que más rechinó del amabilísimo 59 segundos fue el tuteo de todos los participantes hacia el invitado, con la presentadora Ana Pastor, al frente. Por muy humilde o cordial que se muestre un entrevistado, en televisión (aún) se impone el usted y el único que siguió esa norma no escrita fue José María Calleja. También el cronometrador debió ser un poco más generoso con el micrófono del invitado estelar. Pero en cuanto el actor-estadista pegó el penqueo todos se pusieron los colmillos partidistas y sacaron sus cartas marcadas: lo que convierte a 59 segundos y a todas las norias y rondas en un espectáculo previsible y, por tanto, al filo de lo indiferente. Un rato antes había regresado El internado con un tufillo a culebrón. Aunque la intriga Hollister la hace diferente, tantos entradas y salidas de personajes para estirar sospechas y misterios, y tantos flash backs, ponen en riesgo a esta serie

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