En tránsito

eduardo / jordá

Acuerdo

UNA de las grandes mentiras de estos últimos cuatro meses es que el pueblo había votado acuerdo y habían votado cambio. Cambio y acuerdo, acuerdo y cambio: ésos han sido los mantras que más se han oído. Pero ¿es verdad que la gente -los electores, nosotros- votamos eso el 20-D? No lo creo. Las elecciones demostraron que el país había quedado dividido en dos mitades -un poco lo que pasó en febrero del 36-, con un centro reformista en medio que estaba en una posición muy débil. Y dentro de ese centro reformista incluyo al PSOE y a Ciudadanos, las dos formaciones que sí están por el cambio y el acuerdo -un cambio razonable, un acuerdo que no signifique lanzarse a una piscina vacía-. Y además, PSOE y C's parecen los dos únicos partidos que actúan con un mínimo de realismo. La socialdemocracia necesita un reformismo inteligente -en lo económico, en lo educativo, en lo social- para que sea sostenible el Estado de bienestar; y a su vez, el centro derecha necesita tener una visión social y preocuparse de la gente que lo está pasando mal. Y eso fue más o menos lo que plasmaron en el programa que no obtuvo una mayoría de gobierno.

Lo peor que podría pasar en las elecciones de junio es que el centro quede laminado por las posiciones más extremistas, tanto a un lado y a otro: un PP inamovible que ha reaccionado mal ante múltiples casos de corrupción, y una izquierda que tiene muchos motivos para estar cabreada -como todos nosotros-, pero que por desgracia no sabe en qué mundo vive ni cómo se crea empleo ni se mejora la economía (la izquierda de Podemos e IU y sus emulsiones independentistas en Cataluña y País Vasco, que para nuestra izquierda son como el hidrógeno en la cocina de Ferran Adrià).

Si en junio ganan de nuevo las opciones más extremistas -a derecha e izquierda-, volveremos a estar metidos en un callejón sin salida. El PP tiene garantizados sus 6 ó 7 millones de votos, y Podemos más IU también puede alcanzar los cinco o seis millones. En cambio, PSOE y C's podrían hundirse sin remedio si la abstención y el hartazgo se ceban con ellos o sus votos se pierden al anularse mutuamente. Y eso sería un pésimo negocio para este país. Ya sé que estoy pidiendo un imposible, pero me pregunto por qué no se presentan juntos por medio de alguna clase de alianza electoral. Ya sé que es difícil, pero el centro también debería tener derecho a existir, ¿no?

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