Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Adolescencia

EL personal ha regresado a Cuéntame (aunque aquí en Andalucía nos va más Sin tetas no hay paraíso, qué nos gusta un culebrón atormentado). Durante la pasada temporada la serie de TVE tuvo unos registros bajos pese a que narraba los culminantes días de la agonía y muerte (me imagino que la espicharía de verdad) de Franco, que se vislumbraba como apoteosis de las peripecias cotidianas de estos Botejara de la ficción. La masticada incertidumbre no despertó tanta curiosidad como se preveía. Por contra, estos nuevos capítulos de la transición, más coloristas y entusiastas, han relanzado a la costosa ficción de la pública, que copa las emisiones más vistas de este mes al margen del fútbol.

¿Qué ha podido pasar? Por lo pronto que enfrente a La 1 no están ni Gran Hermano ni House, competidores de los Alcántara durante el otoño anterior. Pero además parece que el interés por el despertar a la democracia es mucho mayor que el del fin de una dictadura que muchos creíamos más que superada y saldada. Cuéntame ha crecido en su arista de serial, se ha convertido en más costumbrista y menos siniestra que hace un año y han ganado las tramas de la vida cotidiana, sin dejar a un lado las inquietudes sociopolíticas, como la despenalización del adulterio en este pasado capítulo. Cuéntame vive una segunda juventud en el audímetro, que coincide con la época de la esperanza, la adolescencia (representada en Carlitos) de este país que se asomaba a unas libertades que se antojaban imposibles y lejanas. Sí, puede ser que la Guerra Civil acabara en 1977, con la reconciliación nacional. Aquella guerra de nuestros abuelos al menos no se acabó en marzo de 2004, a partir de cuando se han invocado fantasmas y han aflorado tesis y revanchismos navajeros que se creían extinguidos.

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