Fragmentos

Juan Ruesga

Agenda de verano

Alo largo de los meses de julio y agosto se celebran parte de los acontecimientos culturales más importantes de la temporada. El periodo vacacional no sólo no es un inconveniente para su celebración, sino que permite que gran parte del público asistente disponga del tiempo necesario para dedicarlo a la cultura y a la vez disfrutar de unos ambientes diferentes. Y eso ocurre en los más variados climas, en playas y montañas, en zonas frescas y calurosas. De hecho, para muchos espectadores ya forma parte de sus vacaciones.

Es el tiempo del Festival de Ópera de Bayreuth, pequeña ciudad de Alemania, escogida por Wagner para edificar un teatro donde se representara su repertorio, y que se ha convertido en la gran cita anual de los aficionados incondicionales a su obra. También durante el mes de agosto se celebra en Salzburgo, el Festival dedicado a la música de Mozart, con miles de aficionados cubriendo la programación. Y es el periodo dedicado al teatro en Edimburgo, una bella ciudad transformada en un gigantesco escenario teatral. Otros festivales de primer nivel se desarrollan en estos meses, como el de Avignón, y el Stratford Shakespeare Festival. Aficionados del mundo entero tienen que reservar entradas y alojamientos de un año para otro para poder garantizar su asistencia.

Un caso singular es el Festival de Ópera de Glyndebourne. En una pequeña finca, cerca de Lewes, en plena campiña inglesa, se desarrolla desde 1934 un festival operístico dedicado preferentemente a Mozart. Parte del público acude directamente a la representación, ataviado de esmoquin y traje largo, desde la estación Victoria de Londres en un viaje de una hora. Una de las características del acto, es el picnic del intermedio. Con una duración de una hora y media, el público despliega sus cestas, componiendo un cuadro fuera del tiempo. Copas de champán y manteles de hilo sobre el verde césped. Todo un espectáculo, además del que se desarrolla en el inmediato y magnífico auditorio de 1.200 localidades, con una acústica inmejorable.

En España son referencia obligada los festivales de teatro de Mérida y Almagro como grandes hitos de las artes escénicas en el verano. Ambos tiene en común la singularidad de sus escenarios y un atractivo para el público y para los profesionales, que llenan ambas ciudades. Junto a ellos, y con origen en una programación para los veraneantes, el Festival de Santander, la Quincena Musical de San Sebastián y el Festival del Castillo de Peralada, han conseguido trascender y temporada tras temporada, no sólo cubren las demandas de un público del veraneo tradicional, sino que ya son hitos culturales europeos. Existen otros muchos ejemplos en toda Europa y en España. En Sevilla, el Festival de Danza de Itálica estuvo a punto de formar parte de ese grupo selecto, y en la actualidad lucha por volver a ese lugar de privilegio. El tiempo dirá si lo consigue. Para que un evento cultural forme parte de la agenda de verano del público europeo, debe tener calidad, singularidad y continuidad. El resto lo hacen los espectadores.

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