La esquina

Aguas turbulentas

INQUIETOS por los errores de sus noveles dirigentes treintañeros de la factoría Griñán y ansiosos por zanjar el espinoso asunto de los candidatos a alcaldes de capitales -candidatos a sentarse en la oposición, en muchos casos-, los socialistas tratan de resolver su penúltimo error parlamentario: aprobar una ley con 29 enmiendas de la oposición que en realidad querían rechazar.

Ya conocen el caso. Se equivocó José Muñoz, se equivocaba, y como secretario del Grupo Socialista lanzó la consigna vía digital (de dedo, no de informática) de que sus compañeros votasen sí cuando debían votar no, y así fue como los diputados del PSOE aprobaron enmiendas del PP a la Ley de Aguas. Pero no una ni seis enmiendas, sino veintinueve, y de tal contenido que la norma cambiaba radicalmente sobre lo planeado por el partido gobernante y la Consejería de Medio Ambiente. Que no se dieran cuenta ni de lo que estaban votando no debe extrañar: buena parte de los parlamentarios desatiende los debates y a la hora de votar ha de guiarse por el número de dedos que levanta su jefe. Lo malo es cuando éste yerra.

Escribí aquí que el fallo de Muñoz que arrastró a los suyos tenía fácil arreglo, ya que el reglamento del Parlamento permite corregir incongruencias en la redacción de las leyes. Quizás me precipité. El Partido Popular no está dispuesto a soltar el mordisco que el incidente ha causado a la solvencia del Grupo Socialista y, en consecuencia, no va a hacer la vista gorda aceptando una interpretación bastante flexible del reglamento, consistente en impedir que un despiste se imponga sobre la voluntad real de los diputados socialistas, que era rechazar las veintinueve enmiendas. Es más, si se aplica el reglamento con esta generosidad, el PP está dispuesto a llevar el caso a los tribunales.

Rafael Velasco, número dos del PSOE andaluz, recordó públicamente que durante el Gobierno de Aznar, y siendo él diputado en el Congreso, veinte parlamentarios del PP se equivocaron al votar la Ley de Tráfico y el error se subsanó en el siguiente pleno gracias a la buena voluntad de la oposición. Pero, amigos, la oposición del PP andaluz es de otra pasta y se atiene estrictamente a una regla: al adversario, ni agua, y nunca mejor dicho. Si los socialistas marran con la Ley de Aguas, que apechuguen solos con los efectos negativos de su equivocación. Comprensión, la mínima.

En fin, al Partido Socialista no le ha quedado otra que -curándose en salud ante la perspectiva de que se judicialice también este caso- registrar una proposición de ley con el texto exacto que querían haber aprobado y tramitarlo como una nueva iniciativa. La Ley de Aguas se retrasará así varias semanas o meses. Y todo porque un diputado levantó un dedo en vez de dos.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios