Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Algún acuerdo

CUANDO las empresas no pueden hacer frente a sus pagos, existe una figura legal llamada concurso de acreedores (antes, suspensión de pagos o quiebra). Acogiéndose a él, la empresa entra en una negociación tutelada por un administrador judicial, y comienza a reestructurar la deuda con sus acreedores, o sea, a acordar una rebaja de la misma -la llamada quita- y a diferir su pago previsto -la llamada espera-; el Código Civil prevé una figura equivalente para la insolvencia familiar. El administrador judicial se erige en un soberano que decide qué y cómo se puede hacer. Estos procedimientos tienen un objetivo originario: salvar a la compañía. En muchos casos, las empresas entran en concurso por errores directivos anteriores. También por prácticas delictivas para engañar a proveedores, bancos o Hacienda. Lo de Grecia, en esencia, no es distinto. Su Estado es la empresa fallida; sus acreedores son sobre todo estados socios comunitarios y el FMI; sus gobernantes anteriores, los directivos culpables, dolosos o negligentes, y en alguna medida los acreedores son cómplices del desaguisado financiero de Grecia; el administrador no es tan soberano en el caso griego: la llamada condicionalidad hay que negociarla. Ahí está la clave. Porque en toda negociación hay intereses recíprocos y conflictivos. Aquí los hay de todo tipo: ni contigo, ni sin ti. La posición dura de la izquierda recién llegada al poder, Syriza, hace que los acreedores -sustanciados en el FMI, el BCE, el Eurogrupo y el gran acreedor, Alemania- teman que el ejemplo de Grecia pueda cundir entre el resto de PIGS, que hasta ahora hemos sido solícitos para autoinfligir el castigo social, elevando el paro a niveles dramáticos, como es el caso de España. Crucial es renovar el programa de ayudas, sin el que Grecia estará completamente muerta por deshidratación financiera... y también es crucial que Grecia asuma que debe ceder, no queda otra. Pase lo que pase en el referéndum de hoy, habrá acuerdo a principios de semana: algún tipo de acuerdo. El asunto, como decimos, ha tomado un cariz político -amenaza de una izquierda no centrada y apoyada electoralmente-, que completa a su naturaleza básicamente financiera, o sea, deudor frente a acreedor. Los bancos griegos reabrirán el lunes o el martes. Abrirán aunque, en caso de que gane el , Tsipras deba abrir por su mano la puerta de su salida; o bien, si gana el no, Grecia no saldrá del euro, aunque podría verse obligado a emitir un dracma para uso doméstico mientras paga su deuda en carísimos euros... o no la paga. Y esto último, la quita y espera total, aterroriza a los acreedores.

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