La esquina

Año de nieves...

Ala porra con el refranero. Va a ser difícil que este año que empieza con nevadas en media España cumpla su augurio de ser también año de bienes. ¿Qué es lo que se presenta bien en nuestra vida colectiva? Que venga San Judas Tadeo, patrón de las causas imposibles, y lo diga, porque los simples mortales no logramos verlo por ninguna parte.

Ni siquiera debemos rogar a la virgencita que nos quedemos como estamos, porque estamos realmente mal. Las malas noticias se encadenan sin interrupción. Aún no hemos terminado de digerir que hay entre nosotros cuatro millones de personas sin trabajo y ya avisa el secretario de Estado de Economía que no volveremos a las tasas de empleo previas a la crisis hasta dentro de cinco años. Sólo queda en la nómina nacional un optimista irredento, acompañado por un reducido grupo de fieles que no tienen más remedio que secundarle. Ese mismo en el que ustedes están pensando. El que abrió su presidencia nominal europea prometiendo impulsar que la UE entera salga de la crisis el mismo día en que el INEM ponía números a su colosal fracaso en el territorio en que ejerce la presidencia real.

La nieve, el frío y la lluvia tempestuosa marcaron ayer el inicio oficial de las rebajas, que antes eran rebajas de enero y ahora ya son del invierno entero, porque los comerciantes necesitan estirar la temporada, a ver si así venden algo. Muchos ya la estiraron por delante: desde finales de diciembre anunciaron promociones, descuentos y ofertas especiales, sorteando la ley que les impide hablar de rebajas. Les hacía falta para pagar a los proveedores y/o abonar las nóminas. Para reponerse de un diciembre negro, en el que las ventas han caído y han desvirtuado su tradición de mes de bonanza comercial que compensa la atonía comercial de otros meses.

Y no sólo por las adversas condiciones meteorológicas, con más de tres semanas de lluvia ininterrumpida en los que han entrado por aquí abajo ocho o diez borrascas. (Todavía estudian los especialistas tan singular fenómeno). Sabemos que mucha gente no puede consumir por falta de ingresos y que otros muchos, que podrían, no lo hacen por la incertidumbre y el miedo al futuro. Pocos expresan confianza. El ahorro familiar ha aumentado en varios puntos porcentuales. Parece un dato positivo, pero el ahorro no se traduce en inversión ni en gasto, sino que se guarda y se inmoviliza por temor. También el consumo de televisión se ha disparado. Ya estamos más de cuatro horas al día delante de la caja antes llamada tonta y que ahora nos fija en el sofá porque es cómoda y, sobre todo, barata. Además, la tenemos a mano.

Año de nieves, año de males y de depresión. Y eso que las rebajas serán un éxito, como siempre. Un desahogo en el marasmo.

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