Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Aris

PARECE fácil, pero después entran muchos factores. Cualquiera le puede dar patadas a un balón, pero sólo unos pocos están en condiciones de jugar en la élite del fútbol. Pues para entrar en la casa de Gran Hermano, igual. No todo el mundo está en condiciones para ser un 'personaje televisivo', un miembro activo de la comunidad Sálvame y que la gente, así en general, te acepte. Tiene su presión, su miga, su estómago apretado y sus nervios de acero. Hay que tener el rostro muy duro o pálido, hay que tener la sangre gélida para seguir un juego psicológico ante millones de espectadores y no caer en el autoexilio o en el asesinato colectivo. Y no todo el mundo está en condiciones de aguantar un interrogatorio con Mercedes Milá. La reacción normal sería huir en sentido contrario a la efigie de la matriarca.

Un joven vasco, Arístides, nos ha servido de moraleja. En su cuenta bancaria muchos habrán escarmentado. Este criador de perros, eso decía, ha tenido el suicidio social de gastar ahorros y préstamo por valor de 69.100 euros para ingresar en la casa de Guadalix. Y sólo ha durado una semana. Entre todos se lo comieron, incluida Milá, y él solito se murió. De ganas de figurar. Arístides iba de Cizaña de Astérix, predispuesto al enfrentamiento, a tirar piedras y esconder la mano en la vergüenza ajena. Jugaba a todo cuando no era nada, un pobre que terminó arrugándose. Y la audiencia no tuvo piedad con el pulgar. Como sucedía en El rival más débil, "adiós". La manada que sigue GH olió que era el ñu propiciatorio para que fuera deglutido por el cocodrilo telefónico. Debe de dar gustito empujar a la ruina a un tipo que no sabía dónde se metía. Ya ven, precio de suite en los emiratos: 10.000 euros el día por vivir "el sueño" de GH. Sólo Jorge Javier podría, con misericordia, aliviar la bancarrota del "abrazafarolas" de Milá.

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