Tribuna

Pedro Mata López / Médico Internista

Asignatura pendiente

LA Hipercolesterolemia Familiar (HF) es un trastorno genético hereditario que afecta a unas 100.000 personas en España, tan común como la diabetes tipo I, y que produce una marcada elevación de las cifras de colesterol desde el nacimiento con el consiguiente riesgo de muerte prematura por infarto de miocardio. El coste humano es enorme y además se añade al coste sanitario y social que significa la perdida de productividad en edades jóvenes. Por lo tanto, la HF es un problema de salud pública y su detección y adecuado tratamiento debería ser una prioridad en cualquier política de salud. La HF es el ejemplo de una causa genética de enfermedad cardiovascular prematura tratable que debe ser detectada precozmente mediante el diagnóstico genético de certeza. Cumple los criterios de la OMS para un programa de detección, ya que es un trastorno grave, que se puede identificar cuando todavía no ha dado síntomas y que tiene un tratamiento eficaz que evita la enfermedad cardiovascular aumentando la supervivencia. Para una adecuada política sanitaria de detección, se debe realizar el diagnóstico genético de los familiares de un caso ya identificado de HF junto con la medición del colesterol-LDL, que incluya a los niños antes de los diez años.

Además, las familias con HF necesitan que se cumpla la prestación sanitaria a su tratamiento crónico. Han pasado más de cinco años desde que se aprobó la aportación reducida de las estatinas y todavía numerosos pacientes siguen sin obtener este derecho social, como lo atestiguan numerosas cartas y llamadas que nos llegan a la Fundación HF. Ante este hecho y la evidente desigualdad en la obtención de la prestación entre comunidades nos surge una pregunta: ¿cómo es posible que siga sin cumplirse el mandato que emana de un Real Decreto que se aprobó a finales de 1993?. No se respetan los derechos de los pacientes con HF y existe una escasa vigilancia sobre la aplicación y cumplimiento de las leyes aprobadas desde las instituciones. En el mejor de los casos queremos pensar que se trata de la interminable burocracia que todavía persiste en nuestro país, porque sino se incurre en una grave inequidad social con los pacientes de HF.

En resumen, existen importantes razones que justifican una estrategia regional y nacional basada en la familia, que permita la identificación y adecuado tratamiento de los afectados. Si no los detectamos podemos estar olvidando a las familias con HF y convirtiéndolas en un grupo en riesgo de exclusión en salud. Un país que presume de las bondades de su sistema de salud público y universal no puede permitirse el continuar con la discriminación que todavía sufren numerosos pacientes con HF. Por tanto, desde la Fundación HF solicitamos a las Comunidades y al Ministerio de Sanidad que se coordine un plan de detección y tratamiento igualitario, que mejore la calidad de vida y evite muertes prematuras en las familias con HF. Además de servir como modelo de intervención en medicina preventiva a nivel del grupo familiar, conseguirá el objetivo de las políticas sanitarias que es la mejora de la protección de la salud pública.

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