Crónica personal

Pilar Cernuda

Asuntos Exteriores

ZAPATERO ha mandado a López Garrido al Ministerio de Asuntos Exteriores, para ocupar la Secretaría de Estado de Asuntos Europeos. Demostración palpable de la relevancia que da el presidente de Gobierno a la política exterior. Es decir, escasa, por no decir irrelevante. Y así nos va.

El ministro Moratinos ha recibido toda clase de críticas por la gestión de la política exterior, pero el responsable de lo ocurrido durante la pasada legislatura no es Miguel Ángel Moratinos, sino José Luis Rodríguez Zapatero. Él ha sido quien ha protagonizado gestos de falta de respeto a Estados Unidos que han provocado la irritación de Bush, que nos ha ninguneado todo lo que ha querido y más; él ha sido quien se ha tomado las cumbres europeas a título de inventario, y así nos ha ido; él ha sido el que ha cedido en las negociaciones sobre el reparto de poder en le UE y él ha sido quien ha tenido una pereza infinita para viajar a países que eran fundamentales. Como él ha sido el que, haciendo alarde de un talante izquierdista trasnochado y demodeé, ha buscado como aliados en Iberoamérica a los dirigentes más desprestigiados.

Con presidentes así, era difícil que Moratinos, Bernardino León y Alberto Navarro pudieran hacer mucho por la imagen de España en el escenario internacional, y eso que Bernardino León ha realizado importantísimas gestiones diplomáticas en países complicados, que han callado muchas voces críticas hacia el papel de España.

Con la excepción de León -sería una catástrofe que no fuera confirmado en su cargo-, el Ministerio de Exteriores queda en manos de tres secretarios de Estado que hasta su llegada no tenían más mérito que ser personas próximas a Zapatero o, en el caso de López Garrido, persona a la que Zapatero le debe algún favor. Pero ni Leyre Pajín ni Trinidad Jiménez ni López Garrido tenía experiencia en gestión de asuntos diplomáticos, aunque Jiménez estuvo casada con un diplomático y trabajó un tiempo con Felipe González en el sector de las relaciones diplomáticas; pero su papel era más de acompañante que otra cosa. Y se nota. En su haber ni existe nada relevante desde que ocupó la secretaría de Estado de Asuntos Iberoamericanos hace más o menos un año, aunque viaja constantemente, como es su deber, por el continente hermano.

Leyre Pajín, más inteligente, ha trabajado a destajo en su área de Cooperación Internacional y lo ha hecho de forma eficaz, aunque le ha costado superar la tendencia de muchos socialistas de confundir cooperación con políticas ONG, muy superadas en los nuevas fórmulas de cooperación. Pero no hay mal balance de su gestión, sino todo lo contrario. Y veremos ahora qué ocurre con López Garrido, sin experiencia en política europea, aunque presume de que pertenece a algunos de esos grupos de amistad internacional que no sirven absolutamente para nada excepto para hacer viajes al extranjero. Moratinos seguirá cosechando críticas, pero no es el responsable de la mayoría de los disparates que ponen en su haber.

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