Editorial

El Ayuntamiento retrasa sus cuentas

EN política, el lugar común dice que cualquier gobierno, con independencia de lo que declare en público, demuestra cuál es su política real con los presupuestos. Es la plasmación financiera de sus prioridades. De ser cierta esta afirmación, parece que el gobierno de Sevilla (PSOE e IU) no va a tener claro durante algún tiempo cuál es el camino a recorrer en un momento en el que la ciudad está padeciendo, más incluso que otras áreas de España, las consecuencias de la crisis económica. Su decisión de retrasar las cuentas oficiales de 2010 obliga a la Administración local a funcionar a ralentí y, sobre todo, abre un periodo de incertidumbre que tendrá consecuencias sobre el tejido económico local. No en vano, hablamos de la primera empresa de Sevilla. La razón oficial de tal dilación es la necesidad de abordar un plan de viabilidad integral para todas las empresas, organismos autónomos y la corporación municipal. Algo obligado debido al pronunciado descenso de las transferencias estatales y la recaudación ordinaria por tributos locales. La pérdida de intensidad en la actividad económica lastra las previsiones municipales. El factor más grave, sin embargo, no es tanto el retraso de las cuentas, sino la decisión de cubrir con recursos propios destinados a la inversión el agujero financiero de empresas como Tussam, cuyos pésimos resultados son fruto de la gestión más que del momento económico. El gobierno local intenta suavizar el impacto de la noticia argumentando que acudirá a los bancos para que el capítulo inversor no se venga abajo. Parece evidente que así será. Y, en la medida que no suceda, los gastos financieros inherentes al endeudamiento no contribuirán a sanear su economía. Resulta además contradictorio con lo que están haciendo otras administraciones -Estado y Junta, que gastan para incentivar la economía- que en Sevilla se apueste por invertir menos en lugar de someter a la estructura municipal, desajustada por decisiones políticas de los últimos diez años, a un plan de adelgazamiento que, dada la situación, se antoja no sólo necesario, sino urgente. Todo lo que sea posponer esta medida dilatará el problema hacia el futuro inmediato. Claro que, entonces, siempre estarán los sevillanos para pagar la factura.

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