La tribuna

diego Valderas Sosa

Ayuntamientos: perspectiva democrática

PARECÍA que nuestra relación con la libertad estaba condenada a ser una relación de perfil. Cuarenta años de dictadura separaban a los andaluces de las últimas elecciones municipales democráticas. Demasiado tiempo para quienes esperaban un país con olor a limpio y sin miedo.

El 3 de abril de 1979, los andaluces estábamos llamados a elegir a nuestros representantes. Construíamos democracia municipal en una mañana clara, de largas colas ante los colegios electorales. Dudas e incertidumbre porque lo viejo no acababa de morir y lo nuevo estaba aún por escribirse, donde los fantasmas del pasado sobrevolaban nuestra tierra con olor a trasnochada camisa azul. Fue una campaña donde explicamos a los vecinos que era urgente abrir las puertas a la libertad. Una campaña directa; calle a calle; puerta a puerta, donde a veces con modestos carteles fotocopiados en blanco y negro, la izquierda presagiaba un mejor futuro.

Veníamos empujados por dos millones de andaluzas y andaluces que salieron a la calle el 4 de diciembre de 1977 para reivindicar la Autonomía plena para Andalucía.

Cuando tomamos posesión el 19 de abril de 1979, los pueblos y la democracia estaban por hacer. Y fueron aquellos ayuntamientos los que depusieron por las urnas a muchos caciques y alcaldes señalados a dedo y dieron paso a una generación de jóvenes alcaldes y concejales que empujaron con fuerza desde lo municipal la transformación de la sociedad española y andaluza.

Los ayuntamientos fueron la concreción de la democracia en el territorio; hicieron posible la democracia de cercanía, cumpliendo las ideas que en campaña sostuvieron la ilusión colectiva de los andaluces; "Quita un cacique, pon un Alcalde", "Entra en tu Ayuntamiento", "tu voto es nuestra fuerza" "Democracia, participación, paredes de cristal".

Los ayuntamientos han jugado siempre un papel central en la arquitectura del Estado y en los cambios de nuestro país. Son el espacio donde late nuestra sociedad y un motor de dinamismo económico insustituible. Basta recordar que fueron unas elecciones municipales las que trajeron la II República Española, que el 3 de abril de 1979 permitió cimentar los acuerdos de amplia base entre fuerzas políticas de izquierda que el 19 de abril, con la constitución de los ayuntamientos democráticos, desplazó a las fuerzas de la derecha de las corporaciones municipales, adelantando el retroceso que los partidos conservadores sufrirían el 28 de octubre de 1982. Fue también el poder local el que impulsó mediante el compromiso de los alcaldes, el 28 de Febrero de 1980, fecha clave para alcanzar nuestro autogobierno.

Tras más de treinta años de gobiernos centrales del PSOE y del PP, la gran asignatura pendiente en materia local sigue siendo el trato en pie de igualdad, la financiación justa y la clarificación competencial. Andalucía aspiraba a superar las desigualdades, el desempleo y la pobreza mediante la aprobación de un nuevo Estatuto de Autonomía en 2007 donde las corporaciones locales dejaran atrás el tutelaje, dando paso a una nueva cultura de la transferencia y coordinación. Los objetivos del Estatuto de Autonomía se completaban con la Ley de Autonomía Local (Laula) y la política de financiación incondicionada que la Ley de Participación en los Tributos de la Comunidad Autónoma (Patrica) expresaba. Mas democracia requería sin duda más y mejor Gobierno local.

Hoy, la Reforma de la Administración Local planteada por el PP, como parte de un programa de reformas que pretende demoler el actual modelo de Estado, no persigue ahorrar costes sino ahorrar en democracia. No persigue ayuntamientos más eficaces, sino una democracia de baja intensidad, extraña a los ciudadanos, distante y centralista. Pareciera que el PP quisiera desandar lo andando, recorriendo el camino contrario a lo que día tras día han construido las corporaciones locales, sin atender a las numerosas voces del mundo local que hoy en todo el Estado se levantan contra una reforma recentralizadora e ineficaz.

Hoy, cuando de casi todo hace treinta años, quienes somos la mayoría social tenemos que evitar con la movilización y la acción política e institucional que la democracia desaparezca con el pretexto de una crisis económica que no hemos generado. Llamando a reinventar la contestación ciudadana de la calle frente a quienes hacen sumas y restas con nuestro futuro. Construyendo la respuesta alternativa sobre los principios de justicia social que reclaman los ciudadanos y defendiendo el mundo local. Ese lugar donde todas las libertades comienzan.

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