la ciudad y los días

Carlos Colón

¿Dónde estaban?

DÓNDE estaban los manifestantes del pasado domingo mientras el Gobierno de Zapatero primero negaba la crisis, después la minimizaba y finalmente la afrontaba tarde y mal? ¿Dónde estaban los manifestantes del pasado domingo cuando desde del Gobierno de Zapatero se acusaba de antipatriotas a quienes avisaban de la gravedad de la crisis? ¿Dónde estaban los manifestantes del pasado domingo mientras el Gobierno de Zapatero decía lo de la recuperación, los brotes verdes y que el paro había tocado techo? ¿Dónde estaban los manifestantes del pasado domingo cuando se pasaba de cuatro a cinco millones de parados? ¿Dónde estaban los manifestantes del pasado domingo cuando en la Moncloa se recibían las llamadas de Obama y de Merkel que obligaron a Zapatero a tomar sus tardías e improductivas medidas? ¿Por qué le dieron cuatro años a Zapatero -recuerden el debate entre Montilla y Solbes- y sólo le han dado dos meses a Rajoy?

El problema no es que carecieran de razones para manifestarse, sino que no lo hubieran hecho antes. Eso les resta credibilidad y permite la sospecha de oportunismo. Se manifestaron contra una reforma laboral que en la pancarta de cabecera se calificaba de "ineficaz, inútil e injusta". Se puede estar de acuerdo en lo tercero, pero es demasiado pronto para saber si será ineficaz e inútil. Parece que los sindicatos no manejan bien los tiempos. Cámara lenta si gobierna el PSOE y cámara rápida si lo hace el PP. Se les fueron los dos mandatos de Zapatero, sobre todo el segundo, sin que pestañearan. Se alcanzaron cotas históricas de paro sin que se movilizaran. Y han bastado dos meses de Gobierno popular y unos pocos días tras el anuncio de las medidas para que se pongan en marcha.

Es lógico que se movilicen contra una política que -por utilizar las palabras de los líderes sindicales- "nunca ataca a los poderosos y hace recaer todo el coste de la crisis sobre la gente normal y la clase media". Pero, además de que no se trata de "atacar" a nadie, salvo que se saque del armario la lucha de clases, el anterior Gobierno socialista no se caracterizó precisamente por sus medidas de apoyo a la "gente normal" (otro concepto de compleja interpretación) y la clase media o por sus "ataques" a los poderosos. Salvo que se entienda que la izquierda les ataca provocándoles la gota con mariscadas belgas o golpeándoles en el hígado con las 27 botellas de Ribera del Duero que se jalaron los 25 comensales, entre los que figuraban Kissinger, Felipe González o el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo, en la famosa cena neoyorquina organizada por Garzón al modesto precio de 4.500 dólares.

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