EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Todos contra todos

PARECE que estamos volviendo a los tiempos más estúpidos del pasado. Durante la guerra civil, el gran Chaves Nogales se quejaba desde el Madrid sitiado por los franquistas de que se veían banderas anarquistas y comunistas y de comités revolucionarios por todas partes, pero no había banderas republicanas por ningún sitio. Parece una especie de maldición histórica que tenemos que sufrir. Nuestra especialidad como país es la disgregación, el enfrentamiento cainita, el sálvese quien pueda y la huida irresponsable hacia adelante, que por lo general no deja a su paso nada más que tierra quemada y ruinas y una vasta desolación.

Ahora mismo, cuando estamos a punto de quebrar como Estado, y no sólo eso, sino también de causar la quiebra por contagio de toda la Unión Europea tal como la conocemos, dos comunidades amenazan con la secesión -Euskadi y Cataluña-, mientras el principal partido de la oposición proclama que da por cerrada la fase del diálogo, al mismo tiempo que sindicatos y grupos de izquierda se lanzan a una ofensiva callejera que pretende paralizar el país en protesta por los terribles ajustes del Gobierno. Es cierto que el Gobierno del PP -liderado por un hombre sin cualidades que no debería haber liderado nunca un partido político- no ha mostrado grandeza ni generosidad de ningún tipo, del mismo modo que no ha propuesto un programa creíble de gobierno que justificase los sacrificios comunes, pero estamos entrando en una dinámica suicida que al final acabará destruyendo todo lo que queda en pie en este país. Ni siquiera hará falta que nos rematen los hombres de negro, porque cuando lleguen aquí con sus maletines y sus trajes de ejecutivo ya no quedará nada que recomponer ni nada que defender. Ya lo habremos destruido nosotros mismos, y a navajazo limpio, según nos enseña la tradición.

¿Nos queda alguna esperanza? No lo sé. Pero al menos hay algunos signos esperanzadores que hasta ahora no se habían visto. Uno de ellos es el artículo sensacional que el economista César Molinas ha escrito sobre nuestra clase política (toda ella, y no sólo esos monigotes engañosos que llamamos "la derecha" o "la izquierda"). Por vez primera disponemos de una descripción detallada de lo que nos ha ocurrido en estos últimos veinte años, algo que algunos sabíamos y decíamos desde hace mucho tiempo, pero sin los argumentos ni los conocimientos técnicos que tiene el profesor Molinas. Y su propuesta es muy simple: sólo saldremos de esta crisis si conseguimos desmantelar el sistema clientelar que se ha ido creando a la sombra de la clase política en autonomías, empresas y organismos públicos. Es una tarea gigantesca, pero inevitable. ¿Será posible hacerlo? Eso es lo que nadie sabe.

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