Pasa la vida

Juan Luis Pavón

Ni Babilonia ni Jauja

GENERAL sorpresa produce la propuesta del rector de la Hispalense, Antonio Ramírez de Arellano, para no cumplir la sentencia del Tribunal Supremo que obliga a demoler las estructuras y cimientos del edificio que dicha universidad construía para biblioteca en los Jardines del  Prado mediante infracción urbanística, y a restituir la arboleda perdida, que diría Alberti. Comprendo que duele indemnizar con millones de euros a la constructora Ferrovial y al estudio de arquitectura de Zaha Hadid por embarcarlos en una operación frustrada y frustrante. Igual que agobia zanjar la millonaria subvención de la Unión Europea para la biblioteca, con la de emplazamientos que había en Sevilla para construirla. Cuánta falta harían esos dineros para dotar de contratos a jóvenes investigadores que así podrían continuar esforzándose en centros científicos vinculados a la Hispalense. Todas esas lamentaciones, y el despilfarro presupuestario, nos los podíamos haber ahorrado con una gestión  juiciosa y no con la arrogancia que arrampla contra las advertencias del craso error que se va a cometer.

Si activáramos la moviola y hace diez años alguien hubiera propuesto talar más de 200 árboles para, a cambio, erigir enormes pilares de hormigón con los que sustentar jardines colgantes, un mirador de pájaros (¿pajaritos o pajarracos?) y una cafetería allí donde ya se habían usado fondos de la Unión Europea para hacer un parque, también hubiera sido derrotado en los tribunales. Los magistrados no están en contra de los libros en el Prado, ya sean ensayos de Magris, tratados de Habermas o teorías científicas de Hawking. Tampoco prohíben que los estudiantes se arrimen al follaje para declararse su amor con rimas de Bécquer o con sonetos de Shakespeare. Ni cercena la opción de practicar el book crossing en sus jardines para estimular la lectura y el espíritu colaborativo. Ni impide que los bancos y poyos se conviertan en un territorio wifi lleno de jóvenes manejando sus ordenadores portátiles para entrar en los cursos on line de Harvard. Lo que ha condenado es una construcción fuera de la ley. Y ordena demoler lo que se hizo antes de la paralización judicial, no conmina a que se tiren a la papelera los planos de lo que no se materializó.

La falta de basamento democrático de nuestra sociedad no sólo salta a la vista con la actitud prepotente de quienes dirigen circunstancialmente las instituciones y se creen investidos de un aura por la cual hacer su santo capricho sin pagar  por ello.  El tándem Monteseirín-Marchena fue el que embaucó a la casta dominante en la Hispalense para jugar al monopoly urbanístico en Sevilla, con el Prado de comodín. Pero ni estamos en la Babilonia de los sátrapas y de los jardines colgantes, ni esto es Jauja por mucha vocación que haya de dar pelotazos. También es sintomático de la demagogia en boga que muchos detractores de la demanda vecinal que tumbó la biblioteca lanzan la especie de que han sido un puñado de fachas  con terraza privilegiada los que se han cargado una inversión de progreso para Sevilla. Pueblerina controversia. Nadie está por encima de la ley y del Estado de Derecho. Da igual que quien acuda a los tribunales vea Intereconomía o La Sexta.  Es  irrelevante que el rector y el alcalde sean de izquierdas, de centro o de derechas. Lo importante son la sentencia y sus fundamentos. Indiscutibles en este caso.

Creo que sí es pertinente, y llegará a buen puerto, la propuesta del rector de mantener en pie el aparcamiento subterráneo de ochenta plazas que se realizó en esa parcela. Siempre que sobre ese cemento se vuelva a crear un sencillo espacio ajardinado como el que había antes, el parking es compatible con el statu quo. Y, para los ciudadanos bien informados, servirá de ejemplo sobre cómo Sevilla va con el paso cambiado. Porque hace ya más de 30 años, cuando era un erial, en el Prado debió hacerse un enorme parking soterrado de varias plantas  para centenares de coches y una planta para autocares turísticos. Tampoco lo hizo Rojas-Marcos hace 20 años cuando abanderó la ejecución de un parque a la vez que reivindicaba el Metro. Sempiterna falta de perspectiva. Siempre llegamos tarde a las asignaturas pendientes del pasado. Y malgastamos el dinero al estrellarnos.

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