Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Belén con alcalde y duquesa

ES el verdadero espíritu navideño que debería permanecer durante todo el año. La posibilidad de asumir al contrario como complementario. Rafael Álvarez Colunga era un paradigma de ese afán conciliador y reconciliador. Un niño de la guerra -decía entre bromas que sus padres lo tuvieron, séptimo y último de la saga, para celebrar la entrada de los nacionales en Sevilla- que fue un providencial hombre de la paz. La transición le dio un nombre a esa querencia: consenso, una palabra que en todos los tratados de Ciencias Sociales aparece como catarsis del conflicto. Rafael fue capaz de integrar en su heráldica personal a la Macarena y a la Pasionaria, que se hermanan en la persona del panadero Pepe Díaz, sevillano muerto en el exilio de Tiflis.

He visto últimamente ejemplos diferentes, todos ellos ejemplares, valga la redundancia, de esa capacidad de romper muros, clichés, prejuicios y suspicacias. Es la verdadera dimensión del hombre como ser social, que trasciende su condición de mono gregario. El doctor José Pérez Bernal, coordinador de Trasplantes del hospital Virgen del Rocío, ha conseguido hermanar a dos personas que el simplismo ideológico suele situar en espacios antagónicos. El Belén de la Solidaridad que todos los años por estas fechas hace apostolado de las donaciones para salvar vidas se suele acompañar de un panel con fotografías de los que de forma desinteresada prestan su cuota de popularidad a esta hermosa causa. En ese frente aparecen unidos Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda, y Cayetana Fitz James Stuart, duquesa de Alba, ambos con idéntico entusiasmo, según Pérez Bernal. Al alcalde jornalero le gustaría que la duquesa fuera donante de fincas, aunque donde no las dan, las toman. Dos personas en las antípodas del protocolo, sólo unidas por el pulso de las hectáreas y enfrentadas no hace mucho en un desagradable asunto judicial.

El psiquiatra Jaime Rodríguez Sacristán está recibiendo numerosas solicitudes de entrevistas con motivo de la publicación de su libro Elogio de la ternura. Le han llamado de la cadena Cope, la emisora oficiosa de la Iglesia española, y de la revista Zero, que recoge las inquietudes y expresiones del colectivo homosexual. La ternura es patrimonio nacional y tan escaso que debería estar subvencionado. Eduardo Jordá, firma habitual en estas páginas, que cuenta sus viajes y viaja sus cuentos, recibió por uno de sus artítculos un premio de la Confederación de Padres Católicos. La víspera había inaugurado en Jerez el programa de lecturas de la Fundación Caballero Bonald, que es más bien patrón iconoclasta de fieles incrédulos, sumo sacerdote del quijotesco Campo de Agramante.

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