Cuchillo sin filo

Francisco Correal

La Bética y la Tarraconense

CUATRO años después del 14-M de hace cuatro años, la parte contratante de la primera parte volvió a ganarle a la parte contratada de la segunda parte. Pasadas esas calendas que van de Atenas 2004 a Pekín 2008, digamos que de las dos Españas ideológicas, más bien ideologizadas, hemos pasado a las dos Españas geográficas. Es muy revelador el nuevo mapa en el sentido más literal y madoziano de la palabra: el coloreado de las provincias en función de la fuerza política más votada en cada una de ellas. El Estado de las autonomías ha tardado treinta años en encontrar una justificación para su existencia: con la excepción de las rebeldías de Almería y León, fruto evidente del liderazgo o carisma o lo que se quiera de Javier Arenas y Rodríguez Zapatero, respectivamente, en todas las comunidades autonómas se ha producido la misma tendencia hegemónica.

Las Españas del PP y del PSOE se cruzan en una especie de diagonal. La primera, como las sevillanas de los detectives de Pepe da Rosa, van del Cabo de Gata hasta Finisterre. En la segunda, de Algeciras a Estambul, prolongación asintótica del Ampurdán, se nota la mano lírica de Joan Manuel Serrat. Vascos, catalanes, andaluces, aragoneses, extremeños, asturianos e insulares -canarios y baleares- votaron mayoritariamente a los socialistas. Murcianos, cántabros, valencianos, gallegos, castellanos tanto manchegos como leoneses con la excepción de León -secuela de los enfrentamientos de Alfonso IX con doña Berenguela- y madrileños se han decantado por el Partido Popular.

Entre el socialismo del sur y el del norte, de la Bética a la Tarraconense, hay un cordón sanitario del PP que es como un viaje a la Alcarria. Es muy profiláctica la victoria socialista en los feudos nacionalistas vasco y catalán, lo que probablemente servirá a las voces de su amo de Ferraz para decir que la otra España representa al nacionalismo español, una falacia tan endeble como esa cursilería del juancarlismo republicano. No se sabe si Mariano Rajoy perdió por la inepcia propia o por la inercia ajena. Lo han comparado con Poulidor, el eterno segundo, olvidando que Poulidor ganó un Tour de Francia. Las analogías deportivas no sirven. De hecho, el 9-M ganaron los equipos de Rajoy y de Arenas (Madrid y Sevilla) y perdieron los de Zapatero y Chaves (Barcelona y Betis). Afortunado en elecciones...

El PP se queda sin islas (que vuelva Abel Matutes) y al PSOE le salió en su península cantábrica, de Gijón a Fuenterrabía, un istmo montañés. Una ardilla podría recorrer España sin bajarse de los árboles, pero debería llevar una ruta postelectoral si no quiere que la corran a gorrazos.

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