Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El Betis necesita aparcar agravios

Si hubo algo que jamás falló fue el beticismo, pero dejen la petición de cuentas para el día después liguero

ESTÁ convulso el patio bético y la gente ya ha optado por arremeter contra los futbolistas. Mala cosa y, sobre todo, poco rentable. Ha surgido la palabra nefanda, la que todo aficionado esgrime cuando las cosas van mal. Mercenario es la palabra, que se enarbola como insulto y que es de uso común para los aficionados de todas las opciones, que hasta los del maravilloso Barça la oyeron hace menos de un año. Y es que, al cabo, mercenarios son todos en la segunda acepción del DRAE. Dice el Diccionario de la Española que mercenario es aquél que percibe un salario por su trabajo o una paga por sus servicios. O sea, todo trabajador.

Claro que el aficionado enfurecido lleva en el pensamiento la primera acepción, esa que dice que mercenario es el soldado que por estipendio sirve en la guerra a un poder extranjero. Pero aquí no hay poder extranjero que valga, ya que son los canteranos de los objetivos más acerbamente perseguidos. Pero interpretaciones aparte, lo cierto es que, aun reconociendo las razones que asisten al bético para arremeter contra todo, no hay nada peor en fútbol que descender a Segunda División. Se cambia de un plumazo el estatus de vida y ya hemos comprobado cuántos clubes se han desmembrado a causa de un segundazo y lo que tarda en recuperarse el que se libra.

En este momento, a casi cuarenta y ocho horas de otra cita trascendente, convendría aparcar los distintos contenciosos que emponzoñan al aún Real Betis Balompié para, por lo menos, eximir a los futbolistas del duro trance del insulto. Únicamente los futbolistas tienen en sus botas la posibilidad de que el Betis siga siendo lo que nunca debe dejar de ser, de primerísima categoría. También convendría aconsejar a los que manejan la barca que se dejen de comparaciones con otras aficiones, pues si hay algo que no haya fallado en el Betis durante su ya largo siglo de vida es su fiel infantería. Tengamos, por tanto, la fiesta en paz y dejemos las cuentas para el final.

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