alto y claro

José Antonio Carrizosa

Bola de partido para Zoido

EN el peculiar partido de tenis que el Ayuntamiento de Sevilla y la Junta de Andalucía llevan jugando desde que el Partido Popular logró hacerse con el ansiado sillón municipal de la Plaza Nueva, Juan Ignacio Zoido ha logrado ya alguna que otra bola de partido, más por la torpeza ajena que por la habilidad propia, que no debe ser desdeñada. El alcalde, que exhibió un estilo manifiestamente mejorable cuando hace una semana -en uno de sus frecuentes excesos fotográficos- se vistió de calzón corto para "probar" las excelencias de la pista de tierra batida de la Cartuja, ha demostrado mucha más habilidad a la hora de manejar las jugadas y los tiempos políticos. Con la Davis, el munícipe ha derrotado al Gobierno andaluz sin despeinarse, con la contribución entusiasta, ya lo decíamos, de la habilidad para meterse en líos innecesarios demostrada en esta ocasión por el equipo que capitanea Griñán y en el que el consejero Luciano Alonso juega un papel destacado. Punto, set y partido, por tanto, para Zoido.

Si ya careció de sentido intentar vender a la opinión pública que la Junta podía permitirse el lujo de no apoyar económica ni institucionalmente un acontecimiento de las características de la final de la Copa Davis, todo lo que se ha hecho después ha ido en la misma línea y culminó con la clamorosa ausencia del presidente andaluz, que dejó plantado en la jornada inaugural nada más y nada menos que al Rey en el palco del estadio para no hacerse la foto en un acto que ya era inevitable que capitalizase en beneficio propio el alcalde de Sevilla. Ayer intentó enmendarlo tarde y mal.

La presencia de don Juan Carlos en Sevilla ha venido a subrayar lo que era una obviedad: la celebración de un evento deportivo de trascendencia internacional sólo puede tener lecturas positivas y merece un decidido apoyo institucional. Si la Junta hubiera estado hábil se habría puesto en la cabecera de la manifestación y habría compartido el éxito que ha supuesto para la castigada Sevilla la celebración del torneo. Aunque lo hubiera hecho con los dientes apretados y consciente de que se cumplían más los objetivos del alcalde que los suyos propios. Lo que ha conseguido con su forma de actuar es haber dado la impresión de que se desentendía de la Davis porque la había perseguido y conseguido un Ayuntamiento gobernado por el PP. No están los tiempos políticos como para que el PSOE juegue a desgastarse más en una provincia en la que está a punto de ver cuestionada una sólida mayoría que se ha prolongado treinta y muchos años.

El alcalde con la Davis ha conseguido su objetivo de convertir a Sevilla en referencia de grandes acontecimientos deportivos internacionales. Es una de las tareas que le corresponde y ha jugado sus cartas con habilidad, aunque a partir de mañana habrá que mirar las cuentas que deja el torneo. Y de paso le ha marcado un tanto clamoroso a la Junta. La jugada le ha salido redonda.

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