La tribuna

alberto Priego Moreno

Boston: el regreso del terrorismo

EL pasado 15 de abril Estados Unidos volvió a sufrir un ataque terrorista. A pesar de que se ha insistido en que se trata del primer atentado tras el 11 de septiembre, la afirmación no es del todo cierta, ya que todos recordamos el intento de asesinato de la congresista Giffords (2011) o el ataque del médico militar en Fort Hood (2009) Sin embargo, el ataque de los hermanos Tsarnaev posee alguno de los elementos que han convertido a este atentado en algo especial con tintes apocalípticas.

En primer lugar, debe destacarse la intencionalidad. La idea era causar una verdadera masacre y aun cuando es cierto que el número de heridos es muy elevado las víctimas mortales podrían haber sido muchísimas más, y afortunadamente nada que ver con el 11-S.

En segundo lugar, está el elemento simbólico-fetichista que ha acompañado siempre a los macroatentados de Al Qaeda. El Maratón de Boston -que celebra el Día de los Patriotas- es una prueba que reúne a medio millón de corredores de todo el mundo y que por tanto se configura como un día exaltación de la cultura americana y occidental. Además, la fecha coincide con efemérides importantes tanto para el radicalismo islámico en general -el inicio de la Guerra de Iraq (2003)- como para el radicalismo checheno en particular -Declaración de Independencia de la República de Ickheria (1993)-.

En tercer lugar, el ataque de Boston también cumple con otro de los requisitos de estos atentados, que es la búsqueda de confusión y la creación de caos. La ausencia de información, el despliegue policial, la caza del segundo de los terroristas retransmitida en directo por las principales cadenas de televisión del mundo… todos estos elementos provocaron una sobredimensión de los acontecimientos que convertirá, sin lugar a dudas, a los hermanos Tsarnaev en mártires.

En cuarto lugar, también hay que destacar la particularidad de los terroristas. Los hermanos Tsarnaev, al igual que Nidal Hasan, autor de la matanza de Fort Hood, no daban el perfil de terroristas. Se trata de dos jóvenes, aparentemente integrados en la sociedad, con formación universitaria e incluso con pasaporte estadounidense. El fracaso de la integración social de estos terroristas hace tambalear los cimientos de la propia sociedad americana, ya que cabe plantearse que el Soft Power no resulta lo suficientemente atractivo para que estos individuos que huyen de un pasado de horror encuentren consuelo en sus lugares de acogida. De hecho cabe preguntarse cómo un demandante de asilo acaba convirtiéndose en un terrorista que ataca a la sociedad que le acogió.

En quinto y último lugar, la acción de los hermanos Tsarnaev cumplen con un requisito fundamental: la conexión internacional. Aunque no existe ninguna vinculación probada entre los dos hermanos y los terroristas chechenos, se ha hecho especial incidencia en un viaje que realizó Tamerlán a Daguestán el año pasado. Si bien es cierto que Daguestán y no Chechenia es el centro del yihadismo del Cáucaso, no es menos cierto que los progenitores de los terroristas residen en esta complicada república norcaucásica. Lo que sí parece probado es la auto-radicalización de los hermanos Tsarnaev vía internet usando páginas web de contenido yihadista. Sí bien es cierto que parece que los contactos entre los terroristas y Al Qaeda o los terroristas chechenos no está probada, se mantiene una necesaria incertidumbre que hace más "interesante" sus acciones.

Por último, cabe preguntarse por las consecuencias del ataque de Boston. Por un lado, parece que Moscú y Washington aprovecharán la ocasión para escenificar una nueva reconciliación en una relación que parece imposible, sobre todo si seguimos la doctrina Obama de extensión de la democracia. Serguei Lavrov parece tener más sintonía con John Kerry que con Hillary Clinton, una secretaria de Estado que para el Kremlin encarnaba buena parte de los males de Rusia. Probablemente, ahora que Obama sintoniza más con Putin, se impondrán las tesis del Kremlin y los rebeldes sirios dejen de ser la oposición a Al Assad y se conviertan de nuevo en islamistas radicales.

Por otro lado, esta acción revela el fracaso absoluto de la estrategia de lucha contra el terrorismo. Las medidas reactivas y cortoplacistas emprendidas en Iraq y Afganistán se muestran tanto insuficientes como inefectivas, ya que no han logrado acabar con esta lacra. Se hace necesaria una estrategia a largo plazo basada en la convicción y en la destrucción, algo parecido a lo que inició en los años 50 USA contra la URSS y que culminó en 1991 con el colapso del bloque comunista. Si Estados Unidos quiere vencer al terrorismo primero tendrá que convencer o, lo que es lo mismo, resultar más atractivo que lo que ofrece Al Qaeda. El gran problema es que se trata de una lucha a largo plazo que supera a la visión cortoplacista de los líderes políticos.

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