Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Breviario de podredumbre

PARADAS, paradinhas y paradojas. Si España es un país de cuatro millones de parados, no hay menos de cinco millones de paradojas. Y el que esté libre de ellas, que se tire por la Roca Tarpeya. Yo mismo, sin ir más lejos. Sin las nuevas tecnologías no podría alardear de este ludismo de pacotilla contra las nuevas tecnologías, un alegato, mi particular breviario de podredumbre, que no iría a ningún sitio sin las nuevas tecnologías, que tienen las mismas iniciales que el Nuevo Testamento y como él nos invita al Éxodo o al Génesis. Uno, paradójico conspicuo, admite que tal vez abomine de las nuevas tecnologías porque así envuelve en el celofán de la disidencia su inutilidad congénita.

Aprendemos geografía con el fútbol y con la corrupción. Mucha gente ignoraba dónde se encontraban Alcorcón y Santa Coloma de Gramenet. La hazaña y la patraña. Topónimos que están desapareciendo de los libros de texto, que reniegan de la geografía, la hidrografía y la ortografía. Analfabetos, pero bilingües. Mucha gente, golpistas en ciernes, atribuyen a la normalización democrática los casos de corrupción. La democracia es la extrapolación civilizada de las nuevas tecnologías: llegar a todos con todos, según guión de Descartes y Tocqueville. La democracia facilita y airea estos trapicheos de nepotismo y favoritismo, pero sin ella existirían en grado superlativo. Lo malo es que crecen con tanta frecuencia que uno piensa en la juanrramoniana inmensa minoría. Es el sistema más vulnerable, pero a la vez el más inflexible para aplicarles captura y sanción a los infractores. Lo del Alcorcón es simple metáfora geográfica: su gesta pertenece a los superhéroes de barrio de la canción de Kiko Veneno.

De todas las paradojas, la memoria histórica es la más llamativa. El gran legado de Zapatero junto a la Alianza de las civilizaciones y el pensamiento transversal. La Iglesia celebra dos días, los dos primeros del mes de noviembre, la festividad de Todos los Santos y de los Difuntos. Los ideólogos de la memoria histórica lo celebran todo el año con su santoral de beatificaciones laicas. Hay un agnosticismo que es la continuación de la religión por otros medios, y mientras la ortodoxia sitúa a sus santos en el cielo, ellos los husmean bajo tierra. Seguros que unos y otros, los santos de arriba y los de abajo, comparten un paraíso que nos resulta inaprensible. Mi hijo habla del "otro cielo" para referirse a la pista celestial por la que pasan los aviones que no vemos desde el patio de mi casa. Es el cielo de las bienaventuranzas, decálogo que convierte el Manifiesto Comunista en un manual de párvulos. Lo demás son huesos y ADN. Aquí pasó lo de siempre, aparecieron cuatro óseos y cinco cartilagineses.

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