RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez-Azaústre

Brokeback Mendilerroa

ESE chicarrón de nervio rudo, ese hombretón de una recia costumbre en la manera de descender el monte o de subirlo, ese potro esculpido en el muy noble deporte del levantamiento de piedras, ha descubierto ahora el otro lado, una identidad que es fragilidad y que es hombría quizá mediterránea, que es grecorromana y más profunda.

Ahora, todo puede cambiar, y hasta Euskadi puede cambiar, y hasta el Ven y cuéntalo puede convertirse en la apertura hacia otra condición del abertzale. Ahora, el abertzale baja la ladera, todavía con su camisa de cuadros de franela, el pantalón de pana y esa barba tupida como una alfombra turca, y tras dejar el hacha sobre el leño, clavada en la madera como en carne abierta y aún blancuzca, va hasta el pozo y se refresca la cara. Quizá en ese momento es cuando Ander, reflejado su rostro en otro rostro, el de la superficie gris del agua, piensa por vez primera en ese nuevo amigo, nuevo compañero de la huerta, un latino amable que ha llegado a despertarle el riesgo de sí mismo, de ser quizás él mismo más allá de su costumbre genética y de su herencia granítica. Puede ser quizá en ese momento cuando Ander decide ya afeitarse, despojarse de su barba frondosa como una mata en primavera, y quitarse también su camisa sudada, camisa de hedor macho, camisa tosca y sin romanizar, camisa que funciona de armadura con su temple de valle pirenaico, y depilarse el vello pectoral. Ander, que nunca ha ido al gimnasio, tiene unos buenos músculos, tiene torso de fiero leñador y mandíbula prieta, como de púgil bravo, años cuarenta, con una robustez sin esteroides.

Lo demás no puede contarse, claro, porque destriparíamos la película. Empezará a rodarse hoy, y será la primera producción gay rodada íntegramente en euskera. El rodaje empezará en Arratia y tendrá como protagonista a Ander, este muchacho, que habrá de renunciar a la versión agreste de sí mismo, quizá con un pasado algo alocado como comando urbano agitador, para convertirse en un hombrón, sí, pero sensible, con la fragilidad que da encontrar el lado vulnerable de uno mismo. Ha dicho el director, Roberto Castón, que "es una película que quiere provocar; busca el choque para cambiar conciencias (…). Habré visto 2.000 películas de esta temática, y ninguna acontece en medio rural". Así, el 30 de enero de 2009 se estrenará Ander en el Festival Zinegoak de Bilbao. "Ser gay en un pueblo es más difícil. Tu condición sexual es de dominio público", ha dicho el director. Claro que sí, tanto como no ser nacionalista. Puede ser interesante comprobar la reacción, ante este filme homoerótico, de la gente más dura de Bilbao. Podrán quizá asumir su condición, una fragilidad humanizada, una dimensión del mundo y sus matices fuera de la gresca montañosa.

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