Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Buscando el sucesor de Vicente del Bosque

PERIÓDICAMENTE aparece la catarsis, esa especie de Cabo de Hornos en el que encalla para que salga con más fuerza... o con menos, que de todo hay en la historia de la selección española de fútbol. En la memoria, un puñado de situaciones similares que unas veces fueron para mejor y otras para peor, que ya se sabe que todo, absolutamente todo, es susceptible de empeorar. Y ahora, tras el sofocón francés, estamos en una de ellas.

Tras el maldito bambino del 54, catarsis; después del infausto Chile 62, nueva catarsis, como la hubo tras Inglaterra 66 y cuando el fiasco del doctor Toba después. Ahora bien, la catarsis de las catarsis se produjo de la mano de Miguel Muñoz tras el Mundial del 82 en nuestro suelo. Aquel cúmulo de expectativas desmoronadas ocasionó un divorcio que parecía inevitable. Miguel se trajo la selección a Sevilla y, de la mano del jugador número doce, asunto solucionado.

Pero todo tuvo su fin y con la llegada de Villar a Alberto Bosch, finiquito a Muñoz y volver a empezar. Fracaso de Luis Suárez, tormenta continua en los seis años de Clemente, lo que pudo ser y no fue por culpa de Al Ghandour en Corea, entreguerras con Sáez y la aparición de ese mesías que resultó ser Luis Aragonés y que rentabilizó sabiamente Del Bosque. Ahora, un más de lo mismo, con una ensalada de nombres como aspirantes al puesto que dejará libre el marqués.

Nombres de toda laya y condición, pues se empastelan resultadistas y partidarios de ese tiquitaca que tantas alegrías nos dio. Luis, un especialista del contragolpe, se reconvirtió gracias a los mimbres de que dispuso. Y es que hasta el más ferviente seguidor de que el fin justifica los medios profesará la religión opuesta si los futbolistas de que disponga así lo aconseje. Por tanto, un entrenador con sentido común y buen conductor de grupo es lo que se necesita. Nada más.

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