la ciudad y los días

Carlos Colón

Campanilleros cofrades

EL sol puro de la clara y helada mañana abraza entera la roja fachada de la parroquia de San Lorenzo. Los árboles podados aumentan con su desnudez la sensación de frialdad. Ignorando el mucho frío y las pocas tiendas abiertas de esta mañana de lacia fiesta rebotada, hay un ir y venir de devotos. Miguel Martín está disponiendo el altar de quinario del Gran Poder, activa Marta ocupada en poner candeleros, recortar cirios y codales para insertarlos en los cubillos, alejarse para calibrar con ojo experto la simetría de la alineación; mientras las contemplativas Marías estamos sentados en los bancos, embebidos en el Señor, ajenos a los trabajos de amor que harán posible que el fuego del Templo arda ante el cordero dispuesto para el sacrificio que hará su gloria.

Feria y San Juan de la Palma en vísperas de la fiesta que hoy conmemora a Juanillo el de la Palma, el que se mueve con gesto bolero aprendido en la Academia de Pericet. El viento helado mueve los farolitos del azulejo que pintó el muy sevillista Marqués de Benamejí.

El frío pide carajillos, sol y sombra, calentitos del bar La Centuria, aguardiente de Casa Vizcaíno. Clemen Mejías está tras su ventanita de la calle Feria, traspuesta por el frío transparente de la mañana y por el frío colorido de los azulejos de las dependencias que durante tanto tiempo fueron el habanero cuartel general de Manolo Ortiz, vendiendo la lotería azul, blanca y roja de la Hermandad de la Amargura.

Orfila y San Pablo, nacimientos domésticos de los Panaderos y de Montserrat, mis preferidos. Luminosa calle Castilla. Mediodía del lunes. Comienza el singularísimo Nacimiento viviente infantil organizado por la Hermandad de la O, en el que participan niños que viven la Hermandad y niños que viven gracias a la Hermandad que, a través de su admirable proyecto Esperanza y Vida, ayudó a sus madres a llevar adelante su embarazo.

Cuando las dificultades, los abandonos, las carencias, el miedo o la inducción de quienes consideran una conquista progresista y un derecho de la mujer que se dé muerte a los fetos aconsejaban a las madres que se deshicieran de sus hijos no nacidos, la Hermandad de la O les prestó su ayuda para que siguieran adelante. Más de 50 niños han nacido gracias a la iniciativa Esperanza y Vida. Algunos de ellos, sacándole la lengua a Herodes, participaron en este Belén viviente infantil que llenó aún de más luz, si ello es posible, la mañana navideña de la luminosa y siempre clara Triana. Como estaba cerca la antigua Cava, los villancicos los puso la Agrupación Musical Nuestra Señora de las Angustias de la Hermandad de los Gitanos.

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