Opinión

Ignacio F. Garmendia

Cansinos vuelve a Sevilla

LA vida cultural andaluza y en particular la sevillana no suelen darnos muchas alegrías, menos aún en estos tiempos últimos de obligados recortes que ojalá sirvan para que los consejeros y munícipes, tan habitualmente rumbosos y a veces arbitrarios, se olviden para siempre de los proyectos faraónicos, apostando por actuaciones menos espectaculares pero más rentables, mejor concebidas y, sobre todo, más perdurables en el tiempo. Por esta razón, debemos celebrar como se merece el establecimiento en la capital hispalense de la Fundación Archivo Rafael Cansinos Assens (ARCA), dirigida por el hijo homónimo del notable literato, gran crítico y extraordinario memorialista, un cronista excepcional que supo transmitir en los miles de páginas que nos dejó -tanto en sus perfiles épicos como desde la impagable perspectiva de los secundarios y hasta el nivel más ínfimo- la grandiosa aventura de la Edad de Plata.

La Fundación ARCA inicia su nueva andadura en Sevilla con un presupuesto mínimo, pero suficiente para empezar a explotar sus potencialidades. Entre los patronos de la Fundación, además del propio Rafael M. Cansinos, se encuentra gente tan inquieta, valiosa y entusiasta como Juan Manuel Bonet o nuestro Alberto González Troyano, que no son de los que prestan sus nombres para proyectos puramente ornamentales. Otros escritores como Andrés Trapiello, Abelardo Linares o Jacobo Cortines, buenos conocedores del periodo y de la singularidad de Cansinos Assens, han mostrado su apoyo a una Fundación que tiene por delante la gigantesca tarea de poner orden en el fabuloso archivo del autor sevillano, cuyos aún inéditos diarios de la guerra prometen ofrecer una visión tan lúcida y ponderada como la de Manuel Chaves Nogales, por citar el nombre de otro de los grandes narradores y periodistas de la "prodigiosa Andalucía, hermana de la Primavera y de todas las revelaciones".

Hay que reconocerle a la actual Corporación el mérito de las gestiones encaminadas a traer a Sevilla la Fundación ARCA, pero sería deseable que la trayectoria de la misma -que puede contribuir, entre otras cosas, a dinamizar la alicaída vida cultural de la ciudad- fuera larga y fecunda y transcurriera al margen de las vicisitudes políticas. En el ámbito regional, parece que al nuevo consejero, tal vez llevado por la inercia de anteriores responsabilidades, le preocupa mucho atraer a un mayor número de visitantes a la región, pero algunos de los residentes en ella pensamos que la gestión cultural -o la promoción del raquítico y sobreprotegido tejido de las empresas del sector- no tiene demasiado que ver con la oferta turística. Noticias felices como la vuelta de Cansinos a Sevilla pueden marcar el inicio de un esperado cambio de rumbo.

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