La esquina

josé / aguilar

A Carmena no le dejan pasar una

Acontramano de la organización profesional de la que soy miembro y de la opinión de la mayoría política del país (PSOE, PP), no creo que la web creada por la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, suponga un atentado contra la libertad de expresión, merme el pluralismo ni obstaculice el trabajo crítico de los periodistas.

La web, titulada por la alcaldesa Versión Original, se ha puesto en marcha para rectificar o desmentir informaciones periodísticas sobre el Ayuntamiento que controla Ahora Madrid. De hecho, ya ha salido al paso de cinco noticias publicadas por periódicos nacionales (de radios y televisiones no se dice nada). En realidad esta iniciativa nace de cierto estado de caos y desorganización del equipo de gobierno de la capital de España, donde los concejales lanzan propuestas y anuncian cosas que la alcaldesa se ve obligada a matizar o directamente a rechazar.

Vale, ése es un problema que tiene Carmena, un cuerpo extraño puesto a la cabeza de una tribu de jóvenes airados que tienen un pie, o dos, fuera del sistema democrático. Deberá resolverlo si no quiere caminar hacia un desastre de gestión. Que pretenda combatirlo dedicándose a puntualizar las informaciones periodísticas que reflejan el citado desconcierto puede ser un error de enfoque de la alcaldesa, pero no necesariamente un pecado contra la democracia y una herramienta de presión hacia la prensa.

Si bien se mira, la web del Ayuntamiento madrileño no es más que un instrumento novedoso para ejercer el derecho de réplica. Habitualmente un político o una institución que se siente víctima de una información deficiente o negativa manda una nota de rectificación al periódico. Carmena, que se piensa excesivamente vigilada, ha decidido replicar a aquello que no le guste usando los medios institucionales a su alcance. ¿Que es propaganda? ¡Claro! Como la que se hacen todos los alcaldes de España. Lo mismo da que se use una web o que se elaboren notas de prensa corrigiendo a los periodistas, publicitando las obras que van a realizarse o glosando hasta las actividades más anodinas de los regidores.

La libertad de expresión no es un derecho exclusivo de los periodistas. Ni mucho menos. Carmena también lo tiene, y no por ejercerlo va a impedir que la prensa libre siga criticándola, va a poner una mordaza a los informadores o va a ahogar a las empresas periodísticas, al modo venezolano.

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