DIARIO DE PAQUILLO

Por Francisco Fernández Peláez · Marchador

Castigado sin siesta

SEGUIMOS a 30 grados y con una humedad tremenda, poco a poco me voy acostumbrando a este infierno. Hoy he forzado algo más en el rodaje matutino y he acabado tirándome literalmente la botella de agua por encima. Es lo más efectivo para combatir el calor. Por fin, echaré mi primera siesta. Cuando hago largos viajes, siempre paso varias jornadas castigado sin siesta para que mi cuerpo se acostumbre a dormir por las noches. Tras haber pasado tres días prácticamente adormilado por las esquinas del hotel -un poco más y acabo utilizando los palillos en vez de para comer, para ponérmelos en los ojos y poder mantenerme despierto- hoy por fin disfrutaré de la siesta. Qué gran invento. Parece que mi organismo ya ha cogido el ritmo, con tanto viaje cada vez me cuesta menos adaptarme a los cambios. Lo mejor es que a partir de ahora es cuando empezarán a salir los entrenos de calidad. Gracias a los masajes y al rápido período de aclimatación, los primeros días de fatiga y cansancio han quedado atrás. Empiezo a recobrar magníficas sensaciones sobre la pista. En el hotel nos tratan estupendamente. La limpieza es uno de los puntos fuertes de los japoneses, hasta el punto de que una vez han limpiado de buena mañana nuestras habitaciones, toca pasar revista, una tarea de la que se encarga una mujer mayor, que trabaja en el Ichibata. Menudo susto me llevé ayer cuando entré en la habitación y me encontré a esta empleada revisando minuciosamente que todo estuviera perfecto, hasta el más mínimo detalle, desde la doblez de las sábanas hasta la rejilla de las ventanas. Y eso que yo me creía algo perfeccionista.

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