La ciudad y los días

Carlos Colón

¡Chisss!

Las cimbras empezaron a temblar y los trabajadores salieron disparados del túnel porque ya se sabe lo que es eso. Al momento se vino la tierra encima, no dio tiempo a sacar la maquinaria. Gracias a la rapidez no hubo heridos. No sabemos nada más". Lo refería un testigo al diario ABC, único junto a El Mundo que dio la noticia de un derrumbe en el túnel de El Regajal, entre Aranjuez y Ontígola (Toledo), en la línea del AVE a Valencia. Pasó el martes 9 sin que el Ministerio de Fomento informara del suceso ni tan siquiera a la Delegación del Gobierno de Castilla-La Mancha. Tampoco se refirió al accidente la ministra durante su visita a las obras del AVE el jueves 11, dos días después del derrumbe. Sí dijo, en cambio, que su Gobierno ha "multiplicado por 24" el ritmo de trabajo en las obras e incrementado "de 35 a 850 millones de euros" la inversión anual. Del derrumbe, ni una palabra. Cinco días después los dos periódicos citados informaron del suceso. Transparencia, ya se sabe.

Cabe la duda de si el silencio de la ministra es progresista o reaccionario. Es decir, si tiene que ver con aquellos accidentes que nunca sucedían en la Unión Soviética, y de los que se tenía noticia meses y hasta años después, o con los accidentes que tampoco sucedían bajo el Régimen de Franco, como el del tren que "nunca" chocó contra una locomotora el 3 de enero de 1944 en la estación de Torre del Bierzo, causando 78 muertos según los tardíos e inciertos datos oficiales. Ahora sólo han pasado cinco días y afortunadamente se trata de un accidente sin víctimas. La democracia y la libertad de prensa encogen la duración de los silencios oficiales.

En Sevilla, la prensa es más rápida y expeditiva en su denuncia de lo que el poder querría ocultar. Tuvieron que pasar cinco días para que dos periódicos hicieran público el derrumbe del túnel del AVE sobre el que Magdalena Álvarez no tenía nada que decir. Aquí, en cambio, cuando las obras del Metro provocan un derrumbe en el Cristina la prensa se abalanza sobre él, salta sobre él y hasta se hunde en él. No dos periódicos: un quiosco entero siguió la noticia del derrumbe hasta las entrañas de la tierra y, además, se quedó allí enterrado en vigilia informativa. Eso sí que es intrépido periodismo de trinchera (o de socavón) y lo demás son tonterías. Y no sólo la prensa local se volcó con el derrumbe del Cristina, también la nacional, la internacional, la deportiva y hasta las revistas del corazón. En cambio, el derrumbe del AVE sólo tuvo dos periódicos que lo publicaran y, además, cinco días después. ¿Somos o no somos enormes?

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