Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El Clásico y sus alegaciones

La trifulca con que se remató el pleito nunca podremos justificarla, pero sí hubo razones para comprenderla

NO se trata de justificar lo injustificable, pero en los sucesos antideportivos ocurridos en la noche triste del madridismo, que fue antier en Barcelona, hay que buscar atenuantes y es lo que pretendo, que no se haga más sangre en unos deportistas heridos por el arma más cruenta que se esconde en el deporte, la de la humillación. El Madrid fue humillado en la fría noche barcelonesa y, además, fue por sorpresa, como por un ataque terrorista que nadie esperaba. El Barça se regodeó tanto en su fútbol inimitable, hizo tanto daño, que al final pasó lo que pasó y la sangre caliente de Sergio Ramos entró en ebullición.

Pasa que para que la sangre del camero hirviera habían transcurrido noventa minutos de embestidas a una muleta fantasmal entre los olés de un público que levitaba con el espectáculo. Harto de pelear contra sombras casi chinescas, a Sergio le salió la vena racial y le tiró un misil tierra-rodilla a Messi que hizo estallar todas las hostilidades. Pero no todo ocurrió en ese minuto final del gran espectáculo, pues también habría que decirle a Guardiola que lo que le hizo a Cristiano no fue a más porque el portugués reaccionó más comedido de lo que acostumbra. Si a Cristiano le sale su vena cuando Pep le birla el balón y hace lo que el cuerpo le pediría, conflicto habemus.

Se han cargado mucho las tintas con el comportamiento de Sergio, pero hay que convenir en que fue mucha la dinamita que iba acumulándose en la santabárbara del Clásico hasta llegar a ese punto. Por supuesto que el fútbol excelso del Barça no puede contrarrestarse a base de patadas y, menos aún, de modos como los exhibidos por Sergio en la última campana, pero a nadie le gusta que lo toreen y lo que el Barça hizo con el Realísimo la gélida noche del lunes en el Camp Nou fue una faena desde el capote al estoque. Y eso, si además se trufa con la milonga de Pep con Cristiano, pues deriva hacia algo que no fue nada si lo comparamos con lo que pudo ser.

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