Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Colesterol

DE repente, entre esos contertulios desdentados que silban bilis y los colaboradores que no tienen un bagaje mayor que el de Patricio, surge una voz conocida con convicción y amabilidad, que desgrana conocimientos con entusiasmo, y que pertenece, en fondo y formas, a la televisión de otro tiempo. El mando pega un respingo: ahí está Ramón Sánchez Ocaña, el de Más vale prevenir, uno de esos programas de TVE que acopiaba premios y respeto. Eran otros años y todos éramos más ingenuos. Sánchez Ocaña, que llegó a ser incluso un efímero conductor de informativos en Telecinco, en los tiempos de transición de esta cadena, puso siempre una sonrisa para recomendar una rutina saludable y para preocuparse por la salud de todos nosotros, desde aquellos programas que se rodaban en cine con mucho énfasis y pocos medios.

Fue uno de esos momentos raros de La noria, con Jordi González. Se reconocía así el trabajo de un antiguo, y venerado, colega, que durante un buen rato habló de su libro, como siempre deseó Umbral, y obsequió datos sobre dietas y alimentación. En fin, nutrió uno de esos momentos que ya no se estilan por el prime time. Pero por una vez en La noria no se hablaba ni de corazón ni de hígado, sino de las grasas poliinsaturadas, las que de verdad obstruyen las arterias. Igual que Salud al día es un oasis en las sobremesas, Sánchez Ocaña fue un respiro entre Jaime Ostos y toda esa fauna que se remueve por el lodazal noctívago. Ocaña, recuperado del pasado, confirmó que podría haber cierta esperanza para que cambiáramos de hábitos. Para que la televisión misma hiciera otro tipo de ejercicios. Otro tipo de alimentación. A la parrilla, la de la tele comercial, se le puede echar proteínas sin pringue. Sería cuestión de intentarlo. De eso más o menos nos habló el de Más vale prevenir.

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