Ojo de pez

pablo / bujalance

Corazoncitos

RESULTA casi (casi) enternecedor el modo en que los de Unidos Podemos le han dado la razón a Carlos Cano por aquella copla inolvidable: "Política no seas saboría / y arrímate un poco al querer". Un servidor, que pilló un berrinche bien gordo cuando en el Twitter de las narices cambiaron las estrellitas de los fav por corazoncitos, asiste ahora al espectáculo de los mismos corazoncitos con los que la coalición adorna carteles, fotos, slogans y toda su particular farándula. Lo divertido es que algunos les han afeado el asunto porque Hugo Chávez también lucía la silueta de fantasía en su escudo de armas, mientras que González Pons, amenazando con reclamar derechos de autor, les ha recordado que el Partido Popular europeo también luce un corazón de melón allí donde los socialistas pusieron un capullo. No hay escapatoria posible: esta gente está dispuesta a querernos y da igual lo que uno vote. Aunque quien les daba diez vueltas a todos estos cupidos era Zapatero, claro (su reciente reivindicación por parte de Pablo Iglesias también es un acto de amor). Al PSOE no le hacían falta corazoncitos porque el corazón era él. Ya no se trata, como consagró en su día la Constitución estadounidense, de la felicidad de los ciudadanos; lo más in es que los políticos lo quieran a uno, aunque sea feo, aunque le huelan los pies, vaya a misa a diario o le pirren los caracoles. Cada voto suena a best friends forever.

En realidad, tanto cariño representa un signo de los tiempos. En estos días en los que cada cual puede tener la ilusión, inflada a destajo por la especulación de las redes sociales, de que tiene cientos de amigos que le quieren un montón, el que los candidatos estén dispuestos a repartir abrazos gratis en cualquier plaza se interpreta sin remedio según las mismas reglas. Eso sí, los últimos equipos de Gobierno de Mariano Rajoy, con tantos señores calvos en sus filas, lo tenían más peliagudo para que el personal se dejase querer. Habrá quien eche de menos un amor más carnal, más pasional, más de cama redonda, con todo al aire, como el que prometieron en su momento Alfonso Guerra o François Miterrand, héroes de toma jeroma de los que ya no quedan. Aquéllas fueron otra Europa, otra España y otra Andalucía: el amor político es hoy así, más tontín, más de fondo de pantalla e, inevitablemente, más profiláctico. Aunque nunca estará de más tomar precauciones. Por si acaso.

Pero advertía el gran Carlos Cano a la política: "Que no se te escape la vida / por esa herida que abre el poder". Y de esto se trata. Quienes tanto amor prometen ya traen los papeles del divorcio. Qué chasco después.

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