desde el fénix

José Ramón Del Río

El Corpus y el Cristo de la Vega

HOY es Corpus y nos vienen los recuerdos de otros tiempos. De las calles entoldadas, para aliviar el sol de la mañana, que olían a romero y a incienso; de los soldados que cubrían la carrera, flanqueada por sillas ocupadas por familias que estrenaban la ropa de verano. Después de la procesión, se oían los sonidos agudos y persistentes de los pitos que soplaban los niños. En Cádiz era una festividad grande, con procesión solemne de la magnífica custodia, a la que asistía el clero, presidido por el obispo, cofradías, Ayuntamiento y Diputación, bajo mazas, velada y corrida de toros. El día de hoy, en Sevilla y Granada, sigue siendo festivo, como lo es en Toledo, las tres celebraciones del Corpus más afamadas de España.

Estuve en Toledo recientemente y estaban preparando la celebración. Me habían invitado a almorzar a un cigarral. En el camino una desviación señalaba "Cristo de la Vega" y, como en el caso del Corpus, también se despertaron mis recuerdos. Porque me acordé de la poesía de Zorrilla A buen juez, mejor testigo, que aprendimos en las clases de literatura. Durante el almuerzo comenté la leyenda que refleja el verso y resultó que nadie la conocía. Seguro que usted, lector, sí que la conoce, pero confío en que, como a mí, le guste recordarla. Versifica Zorrilla la leyenda de un soldado que había dado promesa de matrimonio a su novia al ser descubierto por el padre de ella saliendo de la alcoba, y que cumpliría cuando volviera de la guerra de Flandes, a la que partía de inmediato. Inés, la novia, le hizo jurar ante el Cristo de la Vega que a su vuelta la desposaría. "Pasó un día y otro día, un mes y otro pasó, y el tercer año corría, Diego a Flandes se partió, mas de Flandes no volvía". Cuando vuelve, ascendido a capitán, reniega de su promesa e Inés acude al juez y reclama su cumplimiento. Ante la negativa del capitán, Inés afirma que "tiene un testigo, a quien nunca faltó verdad ni razón. ¿Quién? Un hombre que de lejos nuestras palabras oyó: el Cristo de la Vega a cuya faz perjuró". Y el juez, Pedro Ruiz de Alarcón, resuelve: "Escribano, al caer el sol, al Cristo que está en la Vega, tomaréis declaración./¿Juráis ser cierto que un día, juró a Inés, Diego Martínez, por su mujer desposarla?/ Una mano atarazada, vino a posar en los autos, la seca y hendida palma y allá en los aires: Sí, juró, clamó una voz más que humana. Alzó la turba medrosa la vista a la imagen santa… los labios tenía abiertos y una mano desclavada."

Qué bueno sería que los juramentos o las promesas de nuestros políticos, ante el crucifijo o ante la Constitución, se les pudieran reclamar, como pudo hacer doña Inés de Vargas.

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