La ciudad y los días

Carlos Colón

Corroyendo las entrañas

MONTAJE paralelo. Mientras López Aguilar vomitaba lava volcánica canaria sobre el PP, José Antonio Griñán arremetía contra este partido por solicitar el voto desde "el odio que corroe las entrañas". Curioso. Porque su partido ha lanzado la campaña más infame que yo recuerde en toda nuestra historia democrática, basada sobre todo en la descalificación radical de su principal oponente, identificándolo con la extrema derecha racista, xenófoba, clasista, insolidaria y homófoba. Curioso. Porque el mismo día en que Griñán criticaba al PP por solicitar el voto desde "el odio que corroe las entrañas", López Aguilar acusaba al PP de instalarse en la "política sucia", "enturbiar" la campaña electoral, "oscurecer" el juicio de los españoles, pintar "con brocha gorda un pesimismo lóbrego", ofrecer una "enésima muestra de miseria moral, cobardía y doble rasero", representar "la peor forma de injusticia y de desprecio al entendimiento de la ciudadanía" y "explotar el malestar de los más débiles" cuya suerte "les importa un bledo". Para rematar con esta retahíla: "No son capaces de hablar ninguna palabra en positivo porque no les gusta España y no tienen ninguna credibilidad. El PP mintió con el Yak 42, con el 11-M o con la guerra de Iraq. Mintieron y siguen mintiendo…". Si esto no es buscar el voto excitando "el odio que corroe las entrañas", que venga Griñán y lo vea.

Por su parte, el PP se lo pone fácil jugando a los avioncitos y otras menudencias que pueden hacer más o menos ruido, pero poco interesan a los ciudadanos agobiados por la crisis y el paro. Crisis y paro que el anterior Gobierno Zapatero primero negó y después minimizó antes de las últimas elecciones, para proyectar sobre quien avisara de ella esa imagen de "pesimismo lóbrego"; y que su segundo Gobierno no sabe afrontar. Sólo con esto podrían hincharse. O con lo del aborto de las menores sin "interferencias" paternas. O con los escándalos de corrupción (bueno, con esto no: es un boomerang que va y viene de Sevilla a Valencia o de Lorca a Madrid golpeando a quien lo lanza). En su lugar se emperran en lo del avión, cuestión menor además de hipócrita -todos los políticos electos viajan a cargo del erario público- y no comparable al escándalo de Berlusconi, que al parecer lo usó para el fiestorro hortera en su mansión de Cerdeña.

Rajoy ha acusado a Zapatero de "creer que los ciudadanos son tontos" y crear "bollos" con iniciativas como la ley del aborto para que no se hable de la crisis y del paro. ¿Y por qué no lo hacen él y los suyos, en vez de convertir la campaña en el culebrón que ya se llama del Falcon Crest?

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