la tribuna económica

Rogelio Velasco

Coyuntura económica y coyuntura política

ESPAÑA no va a poder cumplir este año los objetivos de déficit acordados con Bruselas. Las previsiones de crecimiento realizadas después de la última revisión al alza del objetivo para este ejercicio, se han deteriorado notablemente desde una doble vertiente. Por el lado interno, la contracción del consumo de las familias, el recorte del gasto de las Administraciones públicas y el desplome de la obra pública, están realizando una aportación negativa mayor de la esperada.

Por el externo, la aportación ha sido extraordinaria durante el pasado año y el primer semestre del presente, con tasas superiores al 2,5% del PIB. Las empresas españolas se están volcando, más que nunca, en los mercados internacionales, especialmente fuera de la UE. Sin embargo, la nueva recesión en todos los países comunitarios está deteriorando rápidamente esa aportación positiva.

El Reino Unido va a acabar el año con crecimiento negativo del 0,7%. En Francia, dando un paso atrás respecto de sus primeras medidas y del programa electoral, Hollande declaró el domingo pasado que presentará un programa de recortes y de subida de impuestos, avisando de un crecimiento nulo para este año. Italia no encuentra la forma, no ya de impulsar la economía, sino de detener su rápido deterioro. En tasa interanual se está contrayendo a un ritmo del 2,6%, que parece seguirá hasta finales del año. Alemania ha reducido su crecimiento hasta menos del 1%. Nuestra vecina Portugal obtuvo ayer concesiones de la Comisión ante el grave deterioro de la actividad a pesar de seguir los ajustes propuestos. La actividad caerá más y el déficit será mayor que lo previsto.

Con este panorama, pocos resortes le quedan al país para detener un deterioro aún mayor de la actividad y del déficit público. Cuando empiecen a aplicarse las medidas que el BCE ha prometido para adquirir deuda pública y finalice el saneamiento de las cajas de ahorro, podrá aliviarse la situación financiera y de colocación de deuda -que ya será mucho-, pero su traslación al sector real -vía mayor flujo de crédito- tardará todavía tiempo. Aún más tardará la repercusión positiva sobre la actividad. Podemos esperar, en el mejor de los casos, que las empresas que están sobreviviendo continúen haciéndolo en mejores condiciones.

Como no teníamos problemas, el clima político en Cataluña va a ejercer una presión tal sobre el Gobierno central que, tarde o temprano, generará una modificación sustancial en el régimen de financiación autonómico. Las consecuencias previsibles van a impactar, sin duda, sobre el resto de comunidades autónomas. Técnicamente, es imposible mantener el statu quo para el resto de comunidades si Cataluña consigue una mejora sustancial en su régimen de financiación. A no ser que queramos que desaparezca los ya ridículos ejército y Ministerio de Asuntos Exteriores, y el museo del Prado. Digo esto amargamente, sin ningún tipo de ironía.

A España le queda un camino difícil por delante. Tenemos que trabajar duro, hacer nuestras tareas, esperar que la coyuntura internacional nos acompañe y no perder la confianza en nosotros mismos. Este es un gran país que ha realizado cosas extraordinarias en los últimos treinta años.

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