La crónica económica

Rogelio / Velasco

Crisis, descentralización y mercado de trabajo

UNA de las consecuencias del proceso de descentralización en España ha sido la de acentuar las divergencias salariales de los empleados que trabajan en los distintos territorios. El proceso ha tenido lugar tanto en el sector público como en el privado. En el primero, diversas razones explican las disparidades regionales. Disponer de mayores recursos, como en el País Vasco y Navarra, ha permitido niveles salariales de sus funcionarios que el resto no puede ni soñar. En otros, los salarios más elevados del sector privado han obligado a la comunidad autónoma a fijar niveles retributivos más altos, como el caso de la Policía autonómica en Cataluña.

En estos ejemplos, como en otros, la necesidad de legitimación por parte de los gobiernos regionales ante los ciudadanos ha empujado también la escala salarial al alza. El resultado final es el de un mosaico retributivo que, con relativa frecuencia, genera protestas y reivindicaciones salariales, tanto de los funcionarios de las comunidades autónomas con retribuciones más bajas como de los de la Administración central del Estado que, excepto en los casos de los cuerpos de élite, han visto cómo la brecha salarial se ha abierto respecto de sus homólogos en las administraciones regionales, en buena medida también porque la subida salarial que marcaba la Administración central para sus funcionarios ha sido tomada en las autonomías como una referencia a superar.

También en el sector privado se ha compartimentado la estructura salarial, porque así ha sucedido, en buena medida, con la negociación colectiva. En algunos sectores, esa negociación está completamente descentralizada, por lo que son las condiciones pactadas en los distintos territorios las que fijan los salarios; incluso a convenios de ámbito estatal se añaden muchas veces otros de ámbito geográfico menor. En todos los casos, la propia adaptación territorial de la estructura organizativa de los sindicatos ha contribuido al desarrollo de esa dispersión geográfica. En conjunto, la estructura de los acuerdos es, básicamente, regional, existiendo una notable dispersión, frente a estructuras más homogéneas en otros países europeos. Esto ha provocado significativas diferencias salariales entre los distintos territorios.

¿Es esta situación buena o mala para la economía? Depende. En la medida en que esa dispersión geográfica de los salarios y otras condiciones laborales reflejen las situaciones económicas particulares de los distintos territorios (nivel de productividad, tecnología, formación, etcétera) la dispersión y adaptación serán buenas, porque serán un reflejo de aquéllas condiciones. Pero si no lo hacen y, sobre todo, si las condiciones reflejan las de los territorios en mejores condiciones, contribuirán a la destrucción de empleo en aquellos con peores entornos.

La amortiguación y salida de la actual crisis requieren mayor flexibilidad y adaptación que un entorno de crecimiento, porque muchas empresas se van a encontrar en situaciones límite que exigen contención de costes para mantenerse en el mercado. Cualquiera que sea el punto de vista ideológico, las negociaciones para los dos próximos años deben reflejar esa situación.

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