La tribuna económica

Rogelio / Velasco

Crisis y nacionalismo económico

LA recesión que padecemos en todos los países occidentales está poniendo contra las cuerdas a algunas grandes empresas. Las compañías de ingeniería civil han llevado a cabo una agresiva expansión financiada con endeudamiento. Las grandes inmobiliarias lo han hecho con la garantía de unos inmuebles cuyo precio ha ido elevándose ininterrumpidamente. Ambas se encuentran en dificultades, porque las bases de sus respectivos modelos se han derrumbado.

Pero la solución para los problemas que algunas de esas empresas están buscando generan otros de distinta naturaleza. Típicamente, la solución pasa por la venta de activos para reducir el endeudamiento y evitar la suspensión de pagos. ¿Pero qué ocurre cuando esos activos que se pretenden vender son considerados estratégicos por el Gobierno?

Hablamos del caso de Sacyr, cuyos contactos con la petrolera rusa Lukoil para venderle su participación en Repsol está removiendo los cimientos. La consideración de activo estratégico varía de un país a otro. En Francia, el Gobierno considera estratégico casi todo, dando lugar en el pasado a algunas situaciones casi ridículas, como el anunciado veto a la venta de Danone a una multinacional. En todos, la energía entra dentro de esa categoría.

En el caso de Repsol existe un problema añadido. Ningún país quiere recibir a las empresas rusas, por las connotaciones políticas que depara la relación con compañías dirigidas por políticos nombrados por el Kremlin. ¿Qué hacer, entonces?

En los momentos actuales, los grandes obstáculos para financiar una operación a gran escala dificultan la compra de una empresa por parte de otra extranjera del mismo sector. Son los fondos soberanos de los países del Golfo, Rusia y China, los que disponen de recursos para adquirir participaciones significativas en las grandes empresas occidentales. De hecho, el Gobierno de Bush jugó un activo papel para que un fondo soberano del Golfo prestara ayuda al Citibank.

Pero ese tipo de ayuda amistosa es difícil replicarla en la UE. Las economías son más pequeñas, no tenemos soldados defendiendo los pozos de petróleo... El presidente francés, anticipándose a lo que pudiera ocurrir, propuso la creación de un fondo soberano europeo para invertir directamente en el capital de empresas y bancos que se encontraran en dificultades. La propuesta no ha prosperado por las reticencias alemanas que, además del coste económico, confía en que sus empresas no van a resultar tan dañadas por la actual crisis. En estos momentos cruciales, los gobiernos están utilizando todos los resortes para salvar la situación. Pero el momento actual es tan grave y está requiriendo tantos recursos públicos, que el espacio para aplicar una política industrial activa de defensa de los campeones nacionales se ha reducido notablemente.

Algunas grandes empresas privadas españolas han diversificado inteligentemente sus recursos invirtiendo en otros sectores para sortear en mejores condiciones una posible crisis económica. Pero no han podido prever que las connotaciones políticas de algunas operaciones se encontraran completamente fuera de su control.

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