Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Cristo-Rey

LA revista Sal y pimienta, que editó el Grupo Zeta a principios de los 80, fue profeta un cuarto de siglo antes del estilo televisivo que ha imperado en estos años. Aquella revista traspasaba el típico cotilleo rosa tradicional para entrar en la descalificación personal, la persecución contra determinados personajes porque sí y el jaleo por el puro escándalo y el chismorreo insano: antiperiodismo que se fue diluyendo pero, como el androide de Terminator 2, de los escombros de su propia baba fue capaz de recomponer sus moléculas y reconvertirse en magacín con el nuevo siglo. Sal y Pimienta tenía especial inquina contra José María Íñigo, Pepe Sancho y María Jiménez y contra Ángel Cristo y Bárbara Rey, el matrimonio más mediático y circense durante la infancia de Naranjito. "Cristo-Rey, qué cruz", con el domador caricaturizado como un Nazareno con la rubia a cuestas, fue una de aquellas portadas que marcaron época en dicha revista.

El propietario del circo con la pista de hielo aparecía de vez en cuando accidentado en el hospital por haber sido atacado por alguno de los felinos que le rodeaba. El declive de su negocio fue parejo con la evolución de los tiempos y la profundidad de los desgarros. Cristo dejó de ser superstar y fue reptando escalones abajo mientras su ex mujer resurgía en las noches televisivas hasta que un día la lió con unas acusaciones veladas y un apartamento asaltado en busca de unas cintas de vídeo. Todo lo que fuera pasado y presente de las relaciones entre Cristo y Rey (Bárbara Rey, se entiende) servía, por tanto, de combustible a las revistas y, con el advenimiento del tomateo, a la televisión.

El domador caricaturizado se convirtió en autocaricatura. Deambuló por los platós de las broncas. Y ahora a sus últimos despojos llegan los buitres para sazonar el cadáver con más sal y pimienta.

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