El análisis

Santiago / Carbó / Catedrático De Análisis Económico De La Universidad De Granada E Investigador De La Reserva Federal En Chicago

Crónicas bancarias

Algunas de nuestras peculiaridades nos convierten en uno de los países favoritos en las apuestas para sufrir una crisis más prolongada y una recuperación más lenta

H ACE dos semanas tuve el placer de participar, una vez más, en la que probablemente es la más prestigiosa conferencia internacional sobre banca, competencia y mercados financieros, la Bank Structure Conference del Banco de la Reserva Federal de Chicago. En su cuadragésimo cuarta edición, esta reunión internacional volvió a congregar a expertos de la academia, la industria, los bancos centrales y otras instituciones monetarias, con la participación destacada de Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. La conferencia se proponía, como tema y objetivo principal, un análisis de las causas, consecuencias y posibles remedios para la actual crisis crediticia mundial. El propio cartel anunciador era muy ilustrativo, con un barco a la deriva encallado en unas rocas y un grupo de hombres aguerridos que, empleando precarios medios, trataban de salvar a los tripulantes.

Cabe resaltar, como conclusión general, que no sólo no existe un consenso sobre los determinantes de la crisis y los diferentes mecanismos de propagación, sino que existen posiciones aún más encontradas en lo que se refiere a las propuestas para superarla. En lo que a los mecanismos desencadenantes se refiere, el propio Bernanke se refirió a un mal general en la industria financiera: en estos últimos años se ha pensado mucho más en la cantidad que en la calidad y eso ha desembocado en una cadena importante de errores. Durante mucho tiempo, los enormes volúmenes de crédito permitieron tanto a los hogares como a las entidades bancarias prosperar en un entorno en el que el valor de mercado de las viviendas era mayor que la deuda de las hipotecas y los tipos de interés, relativamente reducidos. Cuando el mercado inmobiliario perdió su dinamismo y los tipos de interés aumentaron, la crisis estaba servida. Sin embargo, ¿por qué es tan severa? Si se atiende a las razones que en esta conferencia, sin ir más lejos, esgrimieron los representantes de la banca tradicional, la culpa fue de los intermediarios y fondos de conducción que desperdigaron los títulos respaldados por las hipotecas de baja calidad y, con ello, la incertidumbre por los mercados mundiales.

Los bancos de inversión, sin embargo, señalaban con el dedo a las agencias de rating, dados los evidentes fallos en sus diagnósticos sobre calidad crediticia. Las agencias de rating, por su parte, ponían la vista sobre la información contable y la transparencia y culpaban, por lo tanto, al regulador. En cuanto a los representantes de los consumidores, para ellos no cabe duda de que las entidades bancarias asumieron demasiados riesgos, con mayor consciencia de la que se quiere ahora reconocer.

Y, ¿cuál es la visión de los investigadores y de los analistas de instituciones internacionales? Aunque suene ventajista, los principales trabajos y opiniones vertidas hasta la fecha no tratan tanto de buscar culpables como de diagnosticar los fallos de mercado y buscar tanto una solución a corto plazo (dígase cortar la hemorragia) como una solución a largo plazo (dígase mejorar la red de seguridad). En este sentido, no han sido pocas las voces que, por un lado, admiten que las operaciones extraordinarias de provisión de liquidez y los drásticos recortes de tipos de interés en Estados Unidos han impedido, hasta ahora, que se hayan producido pánicos bancarios de mayor calado que los vividos en los últimos meses. En esta misma línea se admite, no obstante, que esta operación de salvamento implica un riesgo moral de cara al futuro, generando una sensación de que, en caso de problemas, los bancos siempre serán rescatados, aunque eso implique cierto gasto que, finalmente, repercute en el contribuyente. No faltan, desde el otro extremo, quienes afirman que el objetivo de inflación debe ser siempre la prioridad y que olvidarse de él transitoriamente implica desequilibrios considerables a medio plazo.

En el caso español, la inestabilidad, la incertidumbre y una desaceleración cada vez más intensa nos invitan a reflexionar sobre nuestros propios problemas y soluciones. Mientras que en lo que a supervisión se refiere, al otro lado del Atlántico se ve con cierta admiración la política previsora desarrollada por el Banco de España -que, por ejemplo, exigió a los bancos provisiones extraordinarias durante la fase alcista del ciclo para amortizar la caída en épocas de vacas flacas-, no puede ocultarse que algunas de nuestras peculiaridades nos hacen uno de los países favoritos en las apuestas para sufrir una crisis más prolongada y una recuperación más lenta.

En España, el origen de la crisis no ha estado en la liquidez, sino en el sector inmobiliario. La corrección finalmente ha llegado, con más brusquedad de la que se esperaba. De cualquier modo, este ajuste era inevitable y corregirá desequilibrios importantes, sobre todo en los precios de la vivienda y en el consumo, el ahorro y la deuda de los hogares, con lo que puede tener algún efecto esperanzador para la recuperación futura. Nos recuerda, además, la importancia de la educación financiera y descubrimos que no somos especiales, que nos pasan las mismas cosas que a los demás, que los precios de la vivienda bajan y que tan sólo la creatividad y los cambios en nuestra estructura productiva pueden depararnos un futuro más próspero.

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