Alto y claro

Carlos Mármol

'Déjà vu'

LA expresión más usual -déjà vu- es francesa. Aunque su nombre exacto es otro. Paramnesia. Consiste en tener la impresión de que se ha vivido el momento presente con carácter previo. Una sensación extendida -casi el 95% de las personas, según los científicos, la experimentan en algún momento de su vida- que se asocia, entre otras teorías, a una coyuntural anomalía de la memoria. Un desajuste entre lo que podría llamarse la memoria a largo plazo (el recuerdo) y la memoria inmediata. En Sevilla este fenómeno, que es universal, parece intensificarse. ¿Acaso es que a los sevillanos nos falla la memoria más que a otros? La verdad es que, a veces, lo parece. Aunque los motivos no son biológicos. Probablemente también es cuestión de carácter: la capacidad para el olvido (interesado) en esta ciudad es soberbia. Mayúscula. Sevilla acostumbra a olvidar pronto cosas cuyo recuerdo le resultaría útil y luminoso -ciertos episodios del pasado, historias de hombres honrados que hicieron obras maestras sin ningún apoyo, y a los que la ciudad fagocitó o ignoró en función de cuál fue la duración de su triunfo; algunas lecciones vitales- y, sin embargo, repite todos los años la misma suerte de ceremonias que, de tanto explotarse sin mesura, pierden, como las palabras, casi todo su valor semántico. La magnífica expresividad que algún día tuvieron. Es nuestro sino: repetir sólo una parte de lo conocido, sin sacarle partido a la herencia completa.

Quizás por eso parezca que el tiempo no corre. Tampoco el aire. Basta echar un vistazo al periódico de hace un año. "Zapatero estudia ampliar el subsidio de los 420 euros", "Tres de cada cuatro colegios sevillanos iniciarán el curso con obras", "La ola de calor no da tregua", "La violencia crece en Iraq tras conocerse la fecha de la retirada de los soldados norteamericanos". Titulares del 20 de junio de 2009. Doce meses después, tras dar gracias por seguir vivos, vemos leves variantes: "Zapatero extiende los 420 euros pero los limita para quienes no tienen cargas familiares". No tener familia -en el sentido tradicional- terminará siendo delito. Al tiempo. Por lo demás, casi todo sigue igual: los colegios abrirán con obras, la maldita crisis no cesa y los norteamericanos ya se han ido de Iraq. Una de dos: o seguimos un año después presos de un déjà vu colectivo o aquí sencillamente es que no pasa nada. Nada bueno.

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